Agenda Cultural UdeA - Año 2002 MARZO | страница 25

ISBN 0124-0854
N º 76 Marzo de 2002 comido y durante los próximos años tuve que demostrarle mil veces mi valía. Aun así, yo aprendí más de él que en ninguna otra parte. En alguna parte del camino, quizá demasiado fácilmente, inclusive absorbí su amargura hacia esas mujeres que no pueden diferenciar un taladro de un limpiador de cañería. " Cabezas vacías," decía Jack, y yo siempre estaba de acuerdo.
Cuando tenía doce años me veía manejando por todas partes un camión( con mi nombre escrito en rosa a un lado) y ayudando a todos aquellos en el mundo que tuvieran un desagüe tapado o un grifo resquebrajado. Creía que eso sucedería a mis treinta años. Si eso pasaba, yo habría tenido éxito... o al menos eso pensaba entonces.
Abrí la tapa de mi caja de herramientas, cambié mi llave inglesa por una llave de tuerca, y me arrodillé de nuevo ante las cañerías.
– Qué va usted a hacer? – preguntó Shana hablando entre los dedos –. Pensé que usted...
– Échese para atrás. Esto puede ponerse algo sucio.
Obedientemente,
ella
retrocedió en sus delicadas
zapatillas
de
seda
melocotón.
Mis botas talla 40 se apoyaron firmemente en el azulejo de la cocina, cuando yo me agaché delante de la cañería en P y solté una vez más los empalmes.
Normalmente cuando un objeto pequeño se resbala por el desagüe, si no queda atrapado en el colador, se asienta en la curva de la cañería que lleva a las cloacas. A veces, cuando se tiene suerte, el objeto sale cuando se usa la bomba, pero, si no, se tiene que desconectar la cañería entera y descargar fuera toda la basura que ha quedado atrapada. Por supuesto, después de que Shana hizo correr agua a través del sistema, las apuestas estaban en contra, y por eso cuando quité la cañería por primera vez no me había sorprendido encontrar nada más que unos restos de zanahoria.
Quité la cañería curva y permití que el agua residual cayera en la bandeja de plástico que había puesto debajo del fregadero.
– ¡ Demonios! – dije.
Ella dio una pequeña boqueada.
– No pienso que tenga conmigo un cepillo lo suficientemente pequeño –“ Meg estúpida, estúpida, no reemplazar inmediatamente tus herramientas cuando se
rompen”, me dije a mí misma.
– ¿ Qué tipo de cepillo?
– Algo tan pequeño como para caber aquí- dije, mientras le mostraba el extremo de la cañería.
– ¡ Oh! – Shana se deslizó por el vestíbulo. Oí como un botiquín se abría, y el sonido del agua corriendo. Unos momentos después, ella entraba resplandeciente en la cocina.
– ¿ Servirá esto?
Tomé cautelosamente el cepillo negro curvado. Su asa redonda y rosa tenía una etiqueta: Rimel Brushtastic( color sable).
– Oh... Seguro, esto servirá.
Sondeé la cañería con el cepillo. Las cerdas no opusieron resistencia.
Lo sacudí aún más fuertemente.
Cuando incliné la cañería, en mi mano cayó un mechón de pelo rubio, manchado con café molido, que estaba envuelto alrededor de un objeto redondo y delgado. Una pequeña faceta de diamante centelleó ante las luces fluorescentes.
Me volví y presenté la bola a Shana.