ISBN 0124-0854
N º 76 Marzo de 2002
Todo en un día de trabajo
Por Tracey S. Rosenberg
Este cuento, ganador del segundo premio del Concurso de Cuento Feminista de la organización NOW, nos habla sobre el encuentro entre dos formas de feminidad.
– El anillo se fue – dije, levantando mi llave inglesa –. Lo siento.
Shana se mordió el labio inferior. Las lágrimas estaban a punto de caer de sus grandes ojos azules. Yo me resistí al impulso de explicarle, en mi más cáustica voz del tipo " mujer trabajadora a ex – líder de porristas ", algo que pudiera entender cualquiera tan estúpido como para dejar su anillo de compromiso en el fregadero y luego soltar galones de agua antes de comprender que el anillo había desaparecido. Nunca he sido la clase de persona que cree en el destino, pero...
– ¿ Por favor? – Shana se echó hacia atrás los rizos de cabello rubio que se habían posado sobre sus ojos, mientras pestañeaba como un cachorro – ¿ No hay nada que usted pueda hacer?
Odio oír a los clientes rogar, como si yo fuera su ángel guardián hecho carne.
Sí, claro: un ángel que en lugar de una lira sostiene una bomba para destapar cañerías. Mi uniforme es un overol azul con mi nombre, MEG, cosido sobre un bolsillo. No es que alguien alguna vez se refiera a mí por mi nombre; " plomera " es lo más normal, o a veces " la tipa que arregla las cañerías."
– ¿ Por favor?
– No hay nada que hacer – expliqué con mucha más paciencia de la que sentía, moviéndome al ritmo de la llave inglesa bajo el fregadero de la cocina –. Ya desmonté la coladera y limpié la trampa. Los anillos son ligeros; el agua los arrastra fácilmente. Cualquiera que se zambullera en las cloacas podría hacer una fortuna – agregué resoplando.
Shana enterró su cara en sus manos de manicura perfecta. Cada uña era de precioso color melocotón, sin ninguna mancha.