ISBN 0124-0854
N º 80 Julio de 2002 estudiar y ver el mundo con los ojos del conocimiento. Pero su padre había decidido por ella al desposarla con el hijo de Kanter, y por más que opusiera resistencia su destino estaba cantado, no había más que obedecer como mujer: caminaría detrás de su marido, cubriéndose la cara en la calle, sin mirarle a los ojos y jamás tendría la insolencia de disentir del parecer masculino; no usaría prendas blancas, pues ese color del Islam significa pureza y jamás una mujer será vista mas que como el lodo de la vida, impura; jamás usaría zapatos de tacón que generasen el mínimo ruido, pues nunca debería llamar la atención ni generar miradas por parte de nadie; renunciaría a todo conocimiento para refugiarse en las paredes de su casa, con las ventanas pintadas de negro para evitar que los hombres mirasen hacia adentro y pudiesen ver su rostro. Entregada a estas reflexiones miró por la ventana y vio a Kabil, que se había atado una cinta alrededor de los dedos y se entrenaba a coger palitos y piedrecillas del piso, tomaba agua del cántaro haciendo uso solamente de tres dedos. Lo hacía bastante bien, pensó la madre, ¿ pero cuando fuese a realizar otras labores tendría tanta solvencia? Sintió un súbito arrebato de cólera y fue a buscar debajo de las tablas corroídas la bolsita de terciopelo que contenía ahorros duramente guardados, a escondidas de su miserable esposo. Llamó a Kabil y le dijo en tono confidente:-Hija, sé lo que vas a sentir ahora por lo que voy a decirte, pero créeme que no es ni la mitad de lo que sentirás cuando seas adulta y te veas sin tus dedos y por delante tu único destino sea tejer tapices por hermosos que sean. Si quieres ser maestra te costará demasiado, no tendrás lágrimas para llorar el infortunio de ser mujer del Islam; pero ese es tu sueño y en nombre del mío frustrado y vacío quiero que vayas esta misma noche con mi hermana en Masar Il Sharif. Ella comprenderá nuestra situación y hará todo lo posible por ayudarte. Incluso tendrás que abandonar nuestro país por la frontera. La abrazó convulsivamente, duro, y Kabil no tuvo más que agradecerle besándola por todo
el rostro y profiriendo exclamaciones de admiración hacia su madre.- ¿ Y qué pasará con papá?-No te preocupes. Ya me encargaré de hacerle entrar en razón cuando vengan los mutiladores y nos dejen una aldea llena de esperpentos que despiertan la compasión y la ira. No permitiré que seas una tejedora afgana más, serás lo que tu sueño te permita y yo haré que sea el mío también. Empujó a su hija en la penumbra de un atardecer rojo y violeta y la acompañó en completo silencio, mientras empacaba dos chadores como hábitos negros con cubierta blanca y negra para la cabeza y la frente. Salieron hasta la estación, donde compró el boleto para las dos hasta una ciudad cercana: allí se bajaría, pues sería más fácil que Kabil continuase sola su recorrido. Esto le tomaría máximo dos horas y su esposo regresaría tarde sin darse cuenta de la ausencia de Kabil. Ya mañana no habría nada que hacer... Pero Rani no contaba con que la codicia movía más la sangre de su marido de lo que ella calculaba. Cuando ella regresó estaba vociferando como un loco, buscándola por toda la ciudad y ya había ido ante la autoridad a denunciar el rapto de su hija, lo que ponía a Rani en graves aprietos, pues la ley establecía la lapidación como castigo por conducta irreverente ante el marido. Esto la decidió a exponer su plan y explicar de la mejor forma sus razones para oponerse a la mutilación de Kabil, pagasen lo que fuera. Su actitud suave, su respeto evidente y la sumisión que evidenció, ablandaron el corazón del padre de Kabil, quien vio retornar mil afgani a su bolsillo y se dispuso a ir por la niña hasta Masar Il Sharif. Dio con ella en casa de su cuñada y, sin mediar palabra pero sin maltrato, la tomó de un brazo y halándola suavemente la llevó a la estación. Al llegar le dijo cordialmente:-Kabil, es por el bien de nuestra aldea, por el tuyo. Tendremos trabajo para siempre y ya conseguirem os para ti un marido que te acepte y tú no necesitaras ir a ningún lado buscando qué hacer. Retornaron a la aldea en completo silencio. Kabil miraba por la ventanilla del autobús sin ver nada.