Agenda Cultural UdeA - Año 2002 FEBRERO | Page 35

ISBN 0124-0854
N º 75 Febrero de 2002
Se había establecido desde tiempo atrás en la isla, no sólo por motivos de paz sino porque a la sociedad le era necesario, que le fuera lícito a cada uno seguir la religión que le dictara la conciencia y no destruir las demás religiones. De esta manera, se ahonda en la reflexión macroecuménica, que para nosotros es tan importante en nuestros días.
La mirada de Tomás Moro es ciertamente prospectiva, ya que está haciendo referencia, en un momento histórico ciertamente complejo, a los ideales más grandes de la humanidad realmente civilizada: el respeto por las diferencias, la convivencia fraterna, la educación en la tolerancia; en fin, a los valores que hacen de la esfera religiosa una instancia importante del ser humano. La misma realidad política se encuentra unida en estos ideales, y tanto sacerdotes como magistrados tienen funciones determinadas que permiten establecer el orden en la isla y, por lo tanto, la posibilidad de dirimir los conflictos a partir de la justicia real y no de manera arbitraria:“ De ahí, que la formación de la juventud sea de gran importancia: la infancia y la juventud es instruida por ellos, y no se presta a las letras una atención mayor que a las costumbres y a la virtud; ponen, en efecto, el mayor empeño para infundir cuanto antes en los espíritus tiernos y aun obsecuentes de los niños, opiniones buenas y útiles para conservar su república; las cuales, si han arraigado profundamente en los niños, les acompañan, ya varones, durante su vida, y prestan un gran servicio para proteger el
estado de la república( que sólo se deteriora a causa de vicios que brotan de opiniones desvariadas)”.
A los sacerdotes de la isla de Utopía no se les prohibe el matrimonio. Incluso sus esposas pueden llegar también al ministerio, sólo se les pide que sean viudas y entradas en años. Con respecto a su ministerio hay que anotar que los sacerdotes no pueden ser juzgados por un tribunal público, sólo por Dios y su propia conciencia. En general, son pocos y muy bien escogidos. Su intervención, incluso en las guerras, es de gran utilidad, porque al ser consagrados con un don especial, dirimen fácilmente los conflictos y ayudan a que los ejércitos negocien la paz en condiciones equitativas.
Las fiestas son básicamente en el primer día y en el último de cada mes. A los primeros días llaman cynemernos que significa“ primifestos”( primeras fiestas), y a los últimos trapemernos que significa“ finifestos”( últimas fiestas). Los santuarios son suntuosos y amplios. Son un poco oscuros, ya que lo que se busca en ellos es recoger los espíritus e intensificar la religión. No se tiene imagen de dioses para que cada cual conciba a Dios de la forma que desea desde lo más profundo de su ser:“ No pronuncian ningún nombre peculiar de Dios, sino el de Mitra tan sólo, con el cual todos entienden la naturaleza sola de la divina majestad, cualquiera sea ella.”
Al final de cada mes celebran una liturgia especial donde todo el pueblo, junto con los