Agenda Cultural UdeA - Año 2002 FEBRERO | Page 17

ISBN 0124-0854
N º 75 Febrero de 2002
En este texto se afirma que, a pesar de todo, la utopía no ha muerto, y, de hecho, puede tomar formas insospechadas.

La necesidad de la utopía

Por Krishan Kumar * algunos de nosotros. del milenio era positiva, por muy poco atractiva que pudiese parecernos a

Y a he dicho que las actuales declaraciones del " fin de la historia " y similares son una forma de milenarismo devaluado. Son milenaristas porque quienes las hacen ven un proceso de desarrollo, una especie de evolución social, que por fin ha liberado de conflictos históricos a la humanidad. La humanidad ha dado muchas vueltas falsas, ha tomado muchos caminos erróneos. Pero aquí por fin, al término del segundo milenio, está el milenio, la consumación del desarrollo de la humanidad.

Este tipo de milenarismo ha sido, en realidad, muy común en el siglo XX. Lo vemos en el comunismo y en el fascismo, y en muchas variedades de nacionalismo mesiánico en el Tercer Mundo. Pero al menos esos movimientos han tenido el valor de sostener sus convicciones. Creyeron, de manera estridente, ferviente, fanática, que el milenio ya había llegado y que, en adelante, el mundo sería un lugar de abundancia y gozo. La visión
Digo que la visión actual es un milenarismo devaluado porque carece de esa cualidad positiva. Ve un fin sin un nuevo principio. No tiene la convicción de que el mundo que está surgiendo al terminar el segundo milenio tenga algún nuevo principio de desarrollo. Se alegra de que la democracia haya vencido, de que el enemigo haya sido derrotado. Se complace en desinflar lo que ve como la hybris de pensar que comprendemos o que podríamos comprender las leyes de la historia, o de que puede haber grandiosos planes racionales para resolver los prob1emas del mundo. Pero ni los poshistoricistas ni los posmodernistas parecen muy felices ante estos avances. No hay una alegría milenaria. Los poshistoricistas se muestran ansiosos, casi resignados. Los posmodernistas se refugian en la ironía y en una especie de frivolidad juvenil, cuando no expresan, simplemente, su hastío del mundo. En ambos casos, la actitud es profundamente negativa. La historia ha terminado; no queda nada más qué decir.
A mi parecer, esta nota negativa refleja la flaqueza de la utopía en nuestra época. En comparación con el milenarismo, la utopía ha recibido una gran paliza en el siglo XX. Ha estado a la defensiva desde que comenzó el siglo. Desde la primera Guerra Mundial hasta la segunda y más acá, ha sido