Agenda Cultural UdeA - Año 2002 DICIEMBRE | Page 45

ISBN 0124-0854
N º 85 Diciembre de 2002
Muchos directores excepcion ales han realizado grandes trilogías. El polaco Krzysztof Kiéslowsk i con su
“ Trilogía de colores”: Azul;
Blanco y Rojo, abordó los ideales franceses de libertad, igualdad y fraternidad, basándose en los tres colores de la bandera francesa. Pier Paolo Pasolini, por su parte, realizó su“ Trilogía de la vida”, y Abbas Kiarostami su“ Trilogía del distrito de Koren”. Otros directores que han hecho grandes trilogías son Oliver Stone, sobre la Guerra de Vietnam; Andrzej Wajda, sobre la II Guerra Mundial; Theo Angelopoulos, sobre la historia contemporánea de Grecia; Aki Kaurismäki, sobre el proletariado; y Satyajit Ray, sobre la inmigración rural.
Pero, ¿ por qué les resultan tan atractivas las trilogías a los directores postmodernos y contemporáneos? Quizás porque además de permitir mostrar varios puntos de vista,
inclusive antagónicos, poseen los mismos dos elementos excluyentes y recíprocos de siempre – arte e industria – con un efecto adicional: es posible multiplicar cada componente; una posibilidad atractiva no sólo para el director y productor, sino hasta para el mismo público.
Respecto de la posibilidad de lo antagónico, resulta más artístico y posee más carga conceptual abordar un tema desde varios puntos de vista, a veces inclusive con conclusiones distintas. Es el caso de la“ Trilogía de colores” y los valores de la Revolución Francesa, que son mostrados desde tres historias donde los personajes los enfrentan o los aceptan. Desde el punto de vista artístico, esto permitió a Kiéslowski utilizar en la fotografía un color predominante para cada película, lo cual constituye uno de los elementos particulares de tal trilogía.
Respecto del efecto multiplicador, en la medida en que un espectador“ se encariñe” con la primera parte de la trilogía querrá ver las dos siguientes; o bien si“ le gustó” la tercera, querrá ver las anteriores. Por eso algunos directores utilizan el termino“ trilogía” simplemente para ganar más fondos en taquilla.
Otro atractivo, especialmente para el caso de nuestros directores tercermundistas, es simplemente el abaratamiento de los