ISBN 0124-0854
N º 81 Agosto de 2002 hubiera enfrentamientos con la policía o entre los propios“ torcedores” del combinado auriverde. La única reacción en contra fue cuando se supo que la selección no iría a otras ciudades por físico cansancio de sus jugadores. La nota predominante en este caso la marca el hecho de que los brasileños saben celebrar sin que tenga que haber muertos de por medio.
Detalles como los anteriores permiten ser optimistas ante el presente y el futuro del deporte y en especial de uno del peso político, económico y cultural como el que tiene el fútbol. Porque se trata de una postura alternativa a la visión pragmática – o resultadista – que viene haciendo carrera en el fútbol mundial, en detrimento de la inspiración y la creación individual y colectiva. Y como otro fantasma, compañero del anterior, está el mundo de las finanzas, de los intereses transnacionales, de la corrupción, de los contratos multimillonarios que auspicia la Federación Internacional
del Fútbol Asociado – FIFA –, la cual acaba de ratificar a Joseph Blatter en la presidencia.
¿ Pero en un medio mercantilizado, deshumanizado, gobernado por las leyes del mercado y por valores tan engañosos como éxito y fracaso, qué principios deben seguir reivindicándose cuando afirmamos que el deporte tiene por cumplir una misión civilizatoria y formadora de nuevos ciudadanos, sabiendo además del ánimo hostil que mueve a numerosas barras de fanáticos de clubes en distintos lugares del mundo?
LA
RIQUEZA FORMATIVA DEL DEPORTE
Partimos de afirmar que el deporte, en su concepción moderna, está pensado como mecanismo canalizador de la agresividad propia del ser humano; o sea que éste, a través de la actividad deportiva, da un sentido creador a la energía que
despliega la persona y evita que la misma se desvíe hacia la violencia.
La formación deportiva requiere una disciplina como condición para ejercer una práctica repetitiva que ayude a dar al deportista la destreza necesaria en su actividad agonística – o competitiva –. Este proceso debe estar acompañado por los padres, profesores o asesores del niño o adolescente, para que aquéllos les brinden los contenidos que sustenten su formación y se garantice su proyección como auténticos exponentes del modelo ciudadano.
A diferencia de sociedades anteriores, en las que el rival que derrotase al contrario podía disponer de su vida, en el deporte de la sociedad moderna, por el contrario, prevalece la concepción según la cual los rivales deben hacerse el menor daño posible. Para ello, ante todo, existen unas reglas de juego que ambos deben respetar.