Agenda Cultural UdeA - Año 2002 ABRIL | Page 27

ISBN 0124-0854
N º 77 Abril de 2002
Laborando en uno de los cubículos de las oficinas del bloque 28 del Departamento de Publicaciones de la Universidad de Antioquia, me topé con uno de estos poetas que ven la vida a través de la sabiduría que concede el corazón. iPor favor! No se crea que poseo un ojo especializado para reconocer entre un buen poeta y un farsante; soy simplemente un aprendiz. Aunque sí sé Que una manera de diferenciarlos es por medio de la palabra, por lo que escriben, y fue precisamente la escritura de este hombre la que me motivó a conocerlo.
El poeta y narrador Elkin Restrepo, hace una poesía que va directo al espíritu. Sus libros conjugan el amor a la palabra con esos pequeños acontecimientos que forman nuestra
existencia. Comenzó publicando sus escritos en periódicos y revistas. Posteriormente, publicó los libros de poesía La palabra sin reino( 1982), Retrato de artistas( 1983), Absorto escuchando el cercano canto de sirenas( 1985), La dádiva( 1991) y, recientemente, una selección de sus poemas más representativos hecha por José Manuel Arango en un libro titulado Lo que trae el día 1983 / 1998( 2000). En prosa ha publicado Fábulas( 1991), Sueños( 1993) y El falso inquilino( 1999). Cofundador de las revistas Acuarimántima y Poesía, en la actualidad reparte su tiempo entre su familia, la dirección de la Revista Universidad de Antioquia, su trabajo como miembro del comité editorial de la revista Deshora, que
también fundó, y, por supuesto, hacer lo que más le gusta: escribir poesía. Nos encontramos en la sala de reuniones de la Editorial Universidad de Antioquia. La tarde ha caído. Miro ese rostro con el ceño fruncido que una a una contesta mis preguntas, aclarando mis dudas e intervenciones, concentrando toda su atención endar una respuesta acertada, acorde a sus sentimientos. Su voz se incrusta en los rincones del lugar, en mi cabeza.
-¿ Por qué escogió el camino de la poesía?
-Siendo muy joven, sentí la necesidad de escribir. Algo muy particular, porque ni en el ambiente familiar ni en el escolar la literatura tenía importancia. Recuerdo, eso sí, que desde los once o doce años leía con voracidad