Agenda Cultural UdeA - Año 2001 FEBRERO | Page 13

ISBN 0124-0854
N º 64 Febrero de 2001 por enseñar a los demás, que se manifestaba en todos los aspectos que cubría su actividad profesional. En la redacción de sus artículos habituales de crítica cinematográfica; en los cursos de cine que, como verdadero precursor, ofreció en la ciudad; en su
colección pionera de videos al servicio permanente de los demás; en el ejercicio cotidiano de la conversación, en la que transmitía a los amigos su desmedida pasión por el cine; en fin, actividades en las que dejó plasmada la huella de su generosidad y con las cuales trascendió la condición personal de sacerdote.
Cuando Luis Alberto llegó a Medellín a principios de la década del setenta, la tarea de divulgación del cine estaba a cargo de los cineclubes, entidades que cumplieron una valiosa labor por espacio de veinte años en la ciudad. Luis Alberto quería ir más allá en la labor de promoción del buen cine, y la tecnología vino en su ayuda. Por aquellos años se inició el auge del video, lo que permitió que por vez primera en el país se pudieran conocer en visión directa muchos de los clásicos de la historia del cine. Hasta ese entonces, quienes nos habíamos apasionado por el lenguaje cinematográfico y no habíamos estudiado en el extranjero, la única opción para acercamos a esos clásicos era leer los guiones, repasar las críticas de los privilegiados que los habían visto, ver las fotos
en los libros y deducir de allí una imagen, entrañable por supuesto, pero imprecisa de lo que había sido el cine hasta ese momento.
Con Luis Alberto compartí muchos de los primeros sueños de esos años. Pensamos en la necesidad de una página de cine y encontramos en el periódico El Colombiano la respuesta adecuada a esa inquietud, afortunada decisión que ha dejado tres volúmenes de críticas escritas en ese diario, publicados por la Universidad; hablamos de la necesidad de crear publicaciones permanentes de cine, desde notas escritas para entregar al inicio de las funciones y, a más largo plazo, la idea de una revista especializada. Él, por su cuenta, pensaba en una actividad docente con el cine como tema, proyecto que en aquel entonces yo miraba con escepticismo. También se embarcó, bajo sus propias velas, en crear una colección personal de videos, tarea que tampoco despertaba todos mis afectos, apegado como estaba a la magia de las salas oscuras y a las pantallas iluminadas. Decidió, inclusive, dejar de asistir al festival de cine de Berlín, su evento preferido a lo largo de muchos años, y dedicar