Agenda Cultural UdeA - Año 2000 MARZO | Page 11

ISBN 0124-0854
N º 54 Marzo de 2000

Con su aire de capitán de barco, su barba blanca y sus palabras llenas de sentido, Enrique Buenaventura, hombre de teatro y de literatura, ha jugado su vida a la ilusión.

Sus propuestas dramáticas se han representado en numerosos lugares del mundo y se puede decir que ha creado una dramaturgia propia con más de cien obras de su cosecha. Sus orígenes vienen del circo. Siendo apenas un adolescente, entre carpas y animales inquietantes, él sintió la vibración del público:“ Cuando era estudiante, un amigo chileno me llevó al teatro Carpa Mesa Nichols y ahí trabajé. Eso era medio teatro, medio circo y me sirvió por la forma de contacto con el público”.
También recuerda a su abuela Ernestina, de quien aprendió a disfrutar las tardes de teatro en el Municipal de Cali. Con ella vio las primeras obras. Ella, sin darse cuenta, encendió una llama …“ era una
mujer muy vital”
Sin concesiones.
El amor al teatro se fue dando poco a poco. Al principio no tenía la intención de dedicarse al oficio. De hecho, estudió pintura, escultura, filosofía; fue también marinero; sin embargo, la vida le mostró algunas rutas y tuvo la fortuna de no negárselas. Hizo un largo viaje por América Latina; conoció el Brasil y allí a una actriz que le enseñó un camino:“ Me llevó a un grupo de teatro y el director me confió una obra”. Y luego, en Buenos Aires, montó su primera pieza en el Cervantes. Más adelante, en Chile, ya no pensó en otra cosa sino en hacer teatro.
Dice que“ enfoqué toda mi condición de poeta a escribir teatro, y para lograrlo uno necesita una práctica teatral”. Y se conjugan varias cosas: la práctica como actor, como director y como dramaturgo.
Hombre de riesgos, a veces mal genio y muy exigente, lleva en su sangre una especie de fuerza que lo ha conducido a asumir grandes retos:“ El riesgo es lo que llamaba Federico García Larca las fauces abiertas de la taquilla, que pueden cerrarse. El teatro de arte es muy inestable, porque también hay un teatro comercial que hace toda clase de concesiones con

“ EI silencio en el teatro es tan importante como las palabras, porque hay unos textos no verbales. Toda la gestualidad es un reino del silencio”