Agenda Cultural UdeA - Año 2000 DICIEMBRE | Page 11

ISBN 0124-0854
N º 63 Diciembre de 2000
Frédéric Chopin, un piano para tocar la nostalgia
Por Beatriz Elena Mejía Mejía Jefa, Departamento Emisora Cultural
“ Me sucede a veces que no puedo por menos de suspirar y, penetrado de dolor, vierto en el piano mi desesperación”. Chopin

Una profunda tristeza y una extraña melancolía que ni él mismo alcanzó a comprender jamás marcaron la vida y la obra de un hombre que inventó una nueva manera de tocar el piano. Brillante, íntimo y solitario, Frédéric Chopin fue la personificación del artista atormentado. Conoció los abismos del dolor y se recreó en la complejidad de propio universo para erigirse inmenso.

Polaco hasta la médula, pero con el gusto y el refinamiento propios de los franceses, Chopin, quien no tuvo entre sus maestros a un pianista, ofreció, en toda su vida, no más de diecinueve conciertos públicos; las demás fueron veladas íntimas dedicadas a los amigos, en su mayoría personajes de la intelectualidad europea. La verdad era que Chopin se sentía abatido, asfixiado
y paralizado por los auditorios grandes; sin embargo, esta misma fobia llevó a Franz Liszt a afirmar, alguna vez, que quienes lo escuchaban pertenecían a la“ aristocracia de la sangre, del dinero, del talento, de la belleza”. Frédéric Chopin nació ello de 1 º enero de 1810. Exponente del romanticismo, su débil estado de salud acompañó su vida y su arte, tanto así que murió de tuberculosis, una enfermedad que, inexplicablemente, la historia le escrituró a los cuerpos y a las almas sensibles. Desde muy pequeño demostró una gran afición por la música, y en especial por el piano. Aunque la primera profesora que tuvo fue su hermana Louise, rápidamente, el violinista checo Wojciej Zywny se encargó de su formación musical, y fue a él a quien se debió la admiración que Chopin sintió por Bach y por Mozart. Zywny concentró su trabajo con el joven alumno, más que en dirigirlo hacia el logro de una técnica musical adecuada, en motivarlo para la composición de obras llenas de pasión creadora.
En 1822, su padre lo envió a estudiar al Conservatorio, bajo la tutela de Josef Ksawery Elsner, maestro de contrapunto y armonía, quien afirmó, en 1829, que Chopin era un“ genio musical”. Su prodigio era tal, que a los once años había compuesto varias obras,