Agenda Cultural UdeA - Año 2000 ABRIL | Page 7

ISBN 0124-0854
N º 55 Abril de 2000 temas favoritos acuden al“ chateo”, con su cruce rápido de mensajes; hasta buscan en el espacio cibernética la pareja que no pudieron encontrar en su estrecho mundo, y esas relaciones afectivas surgen con la confianza casi ciega que nos transmite la escritura. Sabido es que el otro se descubre en la palabra, y ante el afán de darse a conocer se escriben pequeñas autobiografías, reales o ficticias, que ahora mismo reposarán en la estantería virtual donde se están archivando las memorias del nuevo milenio. Las voces se multiplican, y en cualquier lugar del planeta puede haber alguien interesado en pegar la hebra contigo. La escritura se vuelve fragmentaria, concisa, leve, pero gana en espontaneidad. También se miente y se esconde la identidad, pero todo hace parte del nuevo juego de relaciones. En especial, se goza del anonimato que permite a quienes deseen mudar de sexo, de nacionalidad, de profesión, de raza, cambiar la edad y la apariencia para
expresarse con absoluta libertad.
Al quitarle el misterio a la escritura se gana una nueva posibilidad de expresión que ayuda a disminuir las tensiones y el estrés. Visto positivamente, Internet contribuye a fomentar el hábito de la escritura que ayuda a ordenar las ideas y, extendido a una mayoría de escritores anónimos, a ordenar un poco el caos que vivimos. No faltan los excesos, como los de aquellos navegantes empecinados en bombardear los buzones de sus amigos con chistes, con test de dudoso origen, alarmas sobre temibles virus, mensajes edificantes o solicitudes de carácter humanitario que terminan por desequilibrar los nervios del destinatario. O de los exhibicionistas de la palabra que encuentran un público incauto para sus aberraciones. Por suerte, basta un click para eliminar lo indeseado.
En la polis griega, los ciudadanos concurrían a los torneos deportivos con el mismo entusiasmo
que a los torneos oratorias en las plazas públicas. Su competencia argumentativa les permitía participar en las decisiones sobre los asuntos públicos y ser interlocutores de los gobernantes. Con la aparición de la imprenta de Gutenberg, hace cuatro siglos, la escritura comenzó a convertirse en privilegio de una minoría culta, hasta llegar a la moderna industria editorial cuyos procesos de selección responden a los engranajes del mercado. Por fuera de esa industria flotan los cadáveres de escritores frustrados. Las nuevas tecnologías responden a un fin más democrático: cualquiera que tenga algo publicable puede buscar su sitio en el espacio sideral. Cualquiera puede escribir su historia personal o defender las ideas más atrevidas e ingresar en la galería de los internautas anónimos famosos. Cualquiera que necesite un desahogo puede hallar una página donde se acojan sus penas y desvaríos. Y aunque algún escéptico, como el escritor portugués José Saramago, tan amigo de