ISBN 0124-0854
N º 55 Abril de 2000 hábito de la escritura si se empezara a inculcar en las nuevas generaciones, al igual que se estimula la práctica del deporte y de la vida sana. Y como la escritura se alimenta de la lectura, las criaturas convertirían sus libros en mascotas, restando horas a la televisión, y suplirían sus necesidades de comunicación con la escritura, útil para algo más que hacer tareas: para narrar sus propios cuentos, para escribir a los amigos imaginarios, para llevar la lista de los diarios descubrimientos. Hasta los adolescentes canalizarían los chorros de mala leche y rebeldía en esas actividades placenteramente orientadas. Sin duda las generaciones así amamantadas también tendrán sus traumas, pero gozarán del poder liberalizador de la palabra. Los niños más vulnerables a la tecnología seguirán padeciendo de autismo, desconectados del mundo real, pero se trata de patologías inevitables porque la tecnología, como predican sus enemigos, también engendra monstruos: no faltarán los pequeños terroristas cibernéticos capaces de producir pánico financiero y de crear organizaciones delictivas con su gélido dominio de la red.
Cuando Tabucchi hizo esa declaración sobre el poder terapéutico de la escritura, no pensaba seguramente en las posibilidades de Internet para conseguido. Se refería a los métodos tradicionales, por ejemplo, llevar el diario personal, que tanto ayuda para conjurar miedos y fantasmas; escribir cartas de amor y desamor; o nuestras impresiones sobre el diario acontecer en la órbita íntima, doméstica o en el mundo exterior( especialmente a los colombianos