ISBN 0124-0854
N º 55 Abril de 2000 originalidad. ¿ Con palabras viejas estoy diciendo una idea nueva? También es poco probable: ese es el privilegio de unos pocos. Hay un verso de Machado:“ a distinguir me paro las voces de los ecos”. Generalmente lo que decimos es sólo un eco: eco de lo que hemos leído, de lo que hemos oído, de lo que hemos visto. Sin embargo es posible que hoy, aquí, alguien haya combinado las palabras de una manera que es la primera vez en que se combinaban. Eso no es un mérito en sí. Cualquiera lo puede lograr metiendo en un cacho diez palabras y distribuyéndolas al azar. Lo nuevo por nuevo no es original: tiene que sentirse, al mismo tiempo, un eco, y algo original, para que podamos reconocer una voz nueva.
Para decir algo nuevo sobre cualquier asunto, uno puede tomar dos actitudes: no consultar lo que los demás han dicho al respecto, o tratar de consultarlo todo. Creo que la segunda actitud es la más productiva. La primera, está casi siempre condenada a repetir lo que otros ya dijeron. En ciencias es obvio que uno quiera saber exactamente cuál es el estado del arte: no empiezo a hablar del átomo a partir de la nada. En literatura es menos claro, pero también. No es tanto el tema lo que se consulta, pero es prácticamente imposible escribir bien sin haber leído mucho: salvo que uno sea Homero y miles de juglares decanten por siglos( mediante el sabio filtro del olvido y las añadiduras) el primer canto que salió de su lengua.
En el origen, casi siempre, una obsesión: una obsesión amorosa, por ejemplo. Lo que se vive intensamente es ya el borrador de una novela.
Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano. Autor de Historia de un hidalgo disoluto, Tratado de culinaria para mujeres tristes, Fragmentos de amor furtivo y Basura.