ISBN 0124-0854
N º 44 Abril de 1999 confusión de los términos.
El resultado práctico de la literatura y de las artes no tiene importancia. Lo que cuenta es la belleza de sus logros, y el efecto del ejercicio espiritual en el alma del escritor o del artista, que se mejora al hacer arte. Porque, al igual que el sabio que se crece espiritualmente al entender una teoría de la ciencia y lograr plasmada en un principio del Universo que no se clasificaba aún, el escritor suele plasmar en algún personaje un asunto filosófico o ético o moral, o de otras índoles, que lo enriquece a él mismo al dilucidarlo, y de necesidad.
Para algunos, las consecuencias del arte, fama, dinero, llegan a veces. En ese llegar juega la suerte en las más de las ocasiones. A otros no les llega nunca en vida, o les llega póstumamente. El caso claro sería el de Vincent van Gogh, que en su vida no vendió un solo cuadro de los suyos, y a quien“ todo el mundo” dio por fracasado.
Todo el mundo, que no sabía ver las cosas con el matiz de belleza que sí veía el pintor, y que plasmaba en sus cuadros.“ Todo el mundo” aprendió a ver como él cuando ya no estaba, muerto por un tiro en su pecho y de su mano, después de soportar hambres y penurias por décadas. Nadie creyó en él, pero él nunca descreyó de sí. Tozudo como un riel, siguió pintando como sentía que debería hacerla: pintaba su mundo, y no el de los demás. De todos los demás no esperaba absolutamente nada. Ni siquiera esperaba que le
compraran, porque le dolía desprenderse de sus cuadros: seguía amándolos aún después de haberlos plasmado y tuvo razón: no ha habido nunca un triunfador más grande que él, ni otro que me ejemplarice más. ¡ Loor a su osamenta!
El arte es un largo dolor, porque lo bello duele con dolores hermosos. Es una larga fruición, porque la belleza agrada, tan vecina del alma. Y tal vez una larga inutilidad. Para lo único que sirve una estatua bella es para hacer sentir la belleza, lo mismo que un cuadro o que un libro. El artista busca el arte para expresarse y sentirse bien, porque está condicionado para ser artista. No sabe estar sino siendo artista. Además, nadie escribe como quiere o anhela. Escribe tan bien como se lo permitan su conocimiento del tema, y su capacidad, por medio de la técnica, de embellecer. Como todos, además, escribe como es. Ni siquiera el artista es capaz de salir del laberinto que él mismo es. Escribe de violencia, y violento el violento, y con minucias el minucioso, y con conocimientos el conocedor, y con sensibilidades el sensible, y sin decir nada el que no tiene qué decir. Escribir es también retratarse.
Para terminar, todo suele dejarlo a uno, en una especie de traición. Es de aclarar que las condiciones de traición las dicto yo mismo, y así muchos y muchas me traicionaron sin quererlo, aun siéndome leales. La mujer en especial. Cada sucedida mujer, y fueron muchas. Y los hijos, crecidos e idos. Y los amigos,