Agenda Atalaya # 153 febrero 2020 153 Agenda Atalaya febrero 2020 digital | Page 38
entrevista
«La música es
la razón más poderosa
para vivir»
JUAN ANTONIO LUQUE
COMPOSITOR Y MÚSICO / MORÓN & ALCALÁ DE GUADAÍRA
ROSARIO MALDONADO / Agenda Atalaya
Tiene la voz de la experiencia, la ilusión de un niño y la
virtud de un músico. «El músico nunca se jubila» dice,
y es que no imagina un futuro sin pisar las tablas de
un escenario. Dormía abrazado a una guitarra cuan-
do aún salía a buscar acordes en las noches de baile
en el bar de La Piscina. Antes de anclar el alma en el
tablado debió correr mucho e incluso volar hasta lle-
gar a su sueño. Cuenta mil y una noches sin dormir,
descansando en el suelo de un coche en el trayecto
cuando volvía de algún bolo. Con la música ha crecido
y lo sigue haciendo. A Juan A. Luque le gusta referir-
se a la música en gerundio, porque conforme se crea
tiene que ir transmitiendo, una y otra vez. Hay que ir
caminando, a paso lento, pero construyendo. La mú-
sica provoca, remueve, nos ayuda a imaginar y esto
le ayuda a seguir aprendiendo tras 50 años de fondo.
A paso lento es el resultado de la pluma y el corazón
de Juan A. Luque, un músico moronense que ha vivi-
do gran parte de su vida en Alcalá de Guadaira , la que
considera su ciudad y quien confiesa que no se can-
sará de hacer música para transmitir a los demás.
Hablamos con él sobre este regalo para los oídos,
diez temas propios de rock andaluz.
Lleva medio siglo en la música. ¿Cómo ha sobrevivido
sin perder la ilusión y las ganas de crear?
A base de sacrificio y creyendo en lo que es la música
y su capacidad para hacer felices a las personas. Me
gusta la sensación de crear y admirar a las personas.
Nunca pierdo la ilusión y las ganas de crear. Hay que
transmitir, la música es un medio y sirve para ello.
¿A qué edad empezó a sentir curiosidad por la músi-
ca? ¿Recibió el apoyo de su familia?
Desde pequeño, a los doce años. A mi hermano Jorge
le regalaron una guitarra. No le llamaba la atención,
así que se le cambié por otro juguete. Yo me quedaba
dormido en la cama abrazado a la guitarra después
de dar un acorde. Mi madre decía que lo que yo tenía
era pasión y podía intentarlo. Nunca recibí clases. Los
domingos me iba con una libretita al bar, y en lugar
de bailar con mis amigos, me fijaba en los dedos del
guitarrista y apuntaba los acordes. Luego llegaba a
casa y me ponía a practicar. He recibido apoyo de mi
familia. De mis hermanos y, sobre todo, de mi madre,
que me compró la primera guitarra. Ahora la conser-
va Juan Bermúdez .