65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 510

Todos cortaban varillas , pero los niveles de comprensión eran diferentes .
A las 09:00 pasaba el corvichero “ vendiendo corviches a dólar ”. Llevaba un pequeño canasto de mimbre , tapado con un lienzo . El corviche es un muchín preparado con verde crudo y verde cocinado , puede llevar pescado o queso y un poco de sal . Si el corvichero es manabita , le agrega sal prieta .
Con un poco de ají macho y unas gotitas de limón , y el infaltable jugo de naranja con hielo , bajo el sol de las nueve , esto se parece al manjar de los dioses .
El sol se alzaba en lo alto calentando los fierros que quemaban las manos al doblarlos y cortarlos . Trabajaban cantando cuando no había radio y de vez en cuando miraban el reloj . La jornada no era por tiempo sino por obra , pero había que vigilar el día …
El tiempo es como un metro con el que el hombre ha ensayado medir la eternidad … El tiempo no tiene existencia fuera de la mente .
El día pasaba en el campamento de obra entre el polvo , las varillas , los sacos de cemento apilados y las historias sencillas de cada uno . Siguiendo los planos , el espacio abierto puede parecer circular o cuadrado . Medir y contar a cada instante llena a cada uno de paciencia .
El trabajo manual en la construcción trae calma a cada vida . Edificar permite ver cómo de la nada surge un espacio organizado por la inteligencia del hombre .
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