65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 500

colegio de femenino , para ver si alguna chiquilla quisiera aceptar conversar , caminando por la vereda , con el no lejano propósito de convertir a la dulce adolescente en la novia inocente de esos años .
Obviamente , que , si la muchacha se iba en expreso , se desvanecía la fiesta .
Todo eso ocurría en medio de los vendedores de pasteles , sánduches y pan , promocionados pomposamente con una delgadísima capa de queso , o helados de coco y vainilla , en carretillas redondas , rodeados con un yute de sal con hielo para que se mantengan fríos .
También estaban los heladeros con carretitas más elegantes que sonaban campanitas anunciando el Oso Polar y los Pingüinos …
Obviamente que no siempre las finanzas permitían ningún brindis .
Por supuesto una norma de cortesía era llevarle los libros , “ para que no le pesen ”. Si ella aceptaba , después de varias veces de compañía , era señal casi inequívoca de que ya estaba cerquita , cerquita la ocasión del primer beso … Eso era casi seguro , segurísimo … Y los cantos de vida y esperanza de Darío , se mezclaban tan naturalmente con los versos de Neruda … “ Para mi corazón basta tu pecho , para tu libertad bastan mis alas …” En los pequeños radios transistores , se escuchaban las canciones de Palito Ortega , Leo Dan y Leonardo Fabio , que se estrenaban como cantautores .
Era el tiempo de las cartas de amor en hojas de cuader-
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