campos de la isla Santay , que está al frente de la ciudad . De vez en cuando el viento va cazando alguna gaviota fatigada . La viejecita , a veces susurraba cantando el pasillo “ las tres Marías ”. Las hojas de los árboles recogían sus voces lentas y en calma .
La noche llegaba en la ciudad tranquila .
El viento pasaba despacio , en medio de un silencio enamorado , mientras se desprenden una caravana de besos detrás de los grandes árboles de pomarrosa en el Malecón , en la fría noche de junio en Guayaquil .
Arriba en los cielos , pareciera que mil pájaros picotean el firmamento formando las estrellas primeras .
La vida se le pasaba , en su silla tallada , que un pariente le regaló a cambio de unas vastas extensiones de arrozales cerca de Santa Lucía … Se llamaba Perpetua y aún la recuerdo con cariño .