65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Seite 420

Cada miércoles la canoa era esperada para comprar agujas hilos y telas con las cuales se cosían las ropas en los campos , con puntadas muy pequeñitas para que “ dure y aguante ”.
Por supuesto jabón azul para lavar la ropa en el río , que luego se hervía en tarros de manteca dejando blanquísimas las camisas domingueras para la misa y luego el baile en el salón con machete al cinto .
Algunas haciendas tenían su propio horno semiesférico en donde elaboraban el pan calentado con leña . En las azoteas se secaban los granos que había que vigilarlos para que los pájaros no se los coman .
En los años de infancia vi montar al abuelo ciego , su caballo desde un descanso de la escalera que le servía de plataforma . ¡ Decía que “ iba a ver ” el ganado y revisar los sembríos …! Lo vi pagar los jornales acompañado de un peón de confianza a quien le preguntaba de “ cuanto era el billete ” y así distribuía los jornales …! Si no lo hubiera visto no lo creería . Por supuesto que estaba asombrado y todo me parecía un mundo mágico …
Los caballos se domaban con sacos de arena sobre sus lomos varias semanas y luego se los montaba en el río varias veces .
Cuando llovía el campo se ponía de lindos colores . Las vacas recostadas en la hierba en apacible actitud , y los caballos de pie soportaban estoicamente los fuertes aguaceros .
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