Tarde en las haciendas del Litoral en la década de los años cincuenta .
La canoa llegó a las dos como todos los miércoles . Pasaba por las riberas del río Salitre ofreciendo cosas que traía de Guayaquil .
Traía sal en grano , el periódico de la semana pasada , perfumes preenvasados en frascos elegantes y elaborados caseramente …
Vendía también espejitos y peines que encantaban a las muchachas “ que estaban en edad de merecer ”.
El sol pintaba de amarillo todo el paisaje y las aguas entibiecidas del río eran una invitación para aprender a nadar en los torbellinos del río .
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