65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 360

enamorado era como un arpa de viento que va tañendo el mismo viento .
Todo vibraba entre recuerdos en la noche desvelada .
A la mañana siguiente con cuánta ilusión se miraban desde el malecón cómo las cartas se iban en los barcos de altas velas . Mientras el barco se alejaba , en el aire dormido una gaviota volaba entre el horizonte y el sol .
Muchas cartas iban perfumadas con el agua de azahar sacada de la destilación de las flores del naranjo …
Alguna llevaba la huella de los labios amorosos o el dibujo de un corazón herido con la flecha de cupido .
Podía ocurrir que se copiara a mano algún poema de amor y entonces las rimas de Bécquer eran unas de las preferidas …
Todo para expresar “ volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar … etc .” Cuántas veces lo que el amor unía , lo separaba la vida … Y allí frente a los barcos en la calle de la Orilla , con sol o con lluvia , la novia o el galán se aferran a un recuerdo . Cuantas veces mirando el río la joven enamorada pensaba en su amor que había partido más allá de la sierra que se la veía envuelta en brumas , o más allá de los mares muy cerca de las estrellas ... cuántas veces .
En cada línea se buscaba elegir las palabras más adecuadas y podía ocurrir que en este proceso continuo de selección se generara una procesión interminable de deseos , como tantas veces nos ocurre en la vida .
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