los bosques de guayacanes florecidos de amarillos , también dormían serenos , la calma era muy profunda , matizada con algún aullido de un perro .
Las casas eran de madera . Todo era de madera , incluso los portales eran de madera . La alta aguja de la torre de San Alejo también era de madera . Todo era la obra maestra de los carpinteros de ribera .
Desde los techos , los gallinazos vigilaban atentos , las sobras de comida que eran arrojadas por los suelos , generalmente , huesos y algún pedazo de carne adherida .
La ciudad era pequeña , y cada cual era amigo de sus amigos . Los barcos traían novedades comerciales . Así llegaron los espejos de cristal de roca , de altísima calidad . Entonces la gente comenzó a conocerse un poco más .
La llegada de los espejos fue un acontecimiento tan importante como la fotografía , que no tuvo piedad con algunas damas excedidas de peso , ni con las arrugas de los galanes de edades tardías .
Desde los arrabales de la calle de la gallera , actual General Córdova , llegaban los olores de una improvisada curtiembre . De allí salían las coyundas para hacer riendas de caballos , torciendo las tiras de cueros recién cortadas y humedecidas .
También se fabricaban pergaminos para la lectura de los bandos reales . Se ponía las pieles de las cabras en agua con cal , teniendo cuidado de virarlas frecuentemente , para que se termine de desprender el pelo . La cal le
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