El siglo XX nacía y los barcos traían las primeras victrolas R . C . A . Víctor , en donde se tocaban los gruesos y pesados long play de 78 revoluciones por minuto que gastaba una aguja en cada reproducción .
Por las noches en aquellos barrios envueltos en la leyenda guayaquileña y la historia , al pie de alguna ventana , una serenata se elevaba hasta donde la podían llevar los vientos …
Muy por la mañana en los puestos del mercado se exhibían las frutas que llegaban en canoa desde las haciendas hasta el río y de allí , antaño eran llevadas en carretas de burros . Esa imagen fue reemplazada por las actuales camionetas .
Hasta hace poco , antes de la remodelación , estaba lleno de colores de los mangos de estación , las chirimoyas , los cocos recién bajados de las palmeras , los melones , los choclos tiernos , la cebolla colorada y la papa chola que llegaban de la sierra , en los carros que cruzaban el río por gabarras .
A pesar de las ventas , el ambiente era tranquilo . Era como estar en el mundo sin “ ser ” del mundo . La vida pasaba tranquila .
Es posible que la existencia tenga una belleza transformadora y un propósito inteligente … quién sabe .
Lo verdadero no puede estar separado de la búsqueda de lo bueno . Y esta búsqueda tampoco puede estar aislada de lo bello . Y el trabajo honrado siempre tiene algo de belleza .
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