Rosa era realmente hermosa . La ciudad estaba llena de árboles que surgían de los patios como gigantes dormidos .
En el río , un horizonte de velas y banderas se mecían entre la brisa y las olas .
De tarde en tarde con sus manos hermosas tocaba la vihuela y cantaba dulcemente las canciones pastorales de su época . Además , había aprendido a leer y escribir .
Los pequeños caseríos que rodeaban Guayaquil , salpicados aquí y allá sobre una ondulante sabana de verdura infinita , parecían a lo lejos una bandada de garzas que han abatido su vuelo para apagar su sed en las riberas del río …
Y la joven cantaba encantando a sus amigas y amigos en las cálidas tardes guayaquileñas , a veces con vihuela y otras veces con guitarra .
En el río las olas chacoteaban cuando llegaban hasta la orilla , con delgadas líneas de espuma .
Amanecía y la naturaleza parecía salir de un letargo con un sordo murmullo de un himno gigante de alegría de la creación que despierta …
Desde muy temprano intuía un camino de libertad y de real fraternidad entre los seres humanos .
Intuía que no podía preguntar por el camino hacia esa libertad , sino recorrerlo . La vida le fue enseñando que al recorrerlo el camino se descubre … Los días pasaban en
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