aquella noche de noviembre de 1820 . Josefina le dijo que eso no era pecado .
El padre Benavides alzó la voz y le respondió qué había sido tan grave , que como castigo Pedro había muerto en Ayacucho … Las lágrimas regaron el hermoso rostro que agonizaba , Josefina cerró sus ojos y murió pensando en su amor ...
De esta historia ya han pasado cerca de doscientos años . Las espigas de los arrozales todavía siguen movidas por los vientos cerca de Camino Real . Más arriba Bilovan sigue recostado al cerro en la ruta del torneado que va a Guaranda …
Tal vez pueda ser posible que , al evocar el bicentenario de la independencia , Guayaquil dedique un recuerdo a Josefina y a Pedro , que lucharon tanto por defender la independencia de la ciudad .