65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 234

dido boca arriba en la hierba de Ayacucho , la visión de los cielos infinitos se le revelaba como la expansión de sí mismo .
Todo era uno . Todo manifestaba la unidad de la vida universal , nada era diferente … Quizás sólo los espíritus maduros , pueden ver la verdad simple en toda su desnudez …
La hierba húmeda y el cielo abierto de esta parte de América recogieron sus lágrimas y sus últimos pensamientos para su amada Josefina que lo seguía esperando en el pueblo .
Pasaron seis años , la América alcanzó la independencia de España , mas , no siempre los pueblos tuvieron la madurez para vivir su libertad …
El tiempo pasó y entre la alegría del recuerdo y la tristeza de la ausencia , fue conciliando una nueva conciencia espiritual … Tal vez eso sea la maestría del desapego . Quien sabe …
Era 1830 y Josefina agonizaba en Bilovan , Su blanco rostro había perdido el color rosado de sus mejillas en flor … Tenía 24 años . Su familia busca un sacerdote para sus últimos momentos … Por una cosa del destino fue el mismo doctor Francisco Benavides , que capituló en nombre de los realistas en el combate de Camino Real , quien la asistió .
Le pregunto si tenía pecados que confesar y Josefina le dijo que no se acordaba . El sacerdote olvidando sus deberes espirituales , le recordó que había uno muy grave y era la alerta que dio a las tropas de la independencia
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