65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 169

ban invasiones de ratas por el desaseo . Y la falta de frutas y legumbres provocaba la enfermedad del escorbuto . Llegaron los días de marzo con relativa calma . Los marineros ponían sus miradas en el sol poniente llenándose de recuerdos de tantas promesas de amor que dejaron en el puerto , con los pañuelos blancos despidiéndose .
Las velas de los buques se alzaban contra el rojo del ocaso , rojo sangre , como una premonición de futuros combates .
Desde la entraña del mar venía bufando el viento . En el cielo despejado temblaban mil gotitas de plata de las estrellas recién nacidas en el crepúsculo . El 23 , la mar estaba picada , cuando partió en un pequeño bote a recibir instrucciones del buque de mando .
Era los últimos resplandores de la tarde cuando notó que el pequeño bote hacia agua y entre los tres marineros de a bordo se turnaban para achicar con sus sombreros el agua y remar mientras la noche caía en el Atlántico . Desafiando el temporal un buque se acercó a socorrerlo , pero , lo agitado del mar hizo que un marinero del pequeño bote cayera al mar sin saber nadar .
El agua estaba muy fría como para que nadie la tocara . Después de un silencio que pareció de siglos , cuando nadie se atrevía , en medio del peligro alguien se tiró al agua para socorrerlo . Eran dos desesperados en medio de las olas y la tormenta .
La bondad está más allá del temor y de la conveniencia . A duras penas logró acercar al compañero al navío para izarlo con varias amarras ...
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