No solo de anhelos,
de recuerdos también
vive el hombre
Por: Alexander Ávila Álvarez
Es la última línea de un poema
que escribí hace poco. Ahora que
paso
revista
al
texto,
inevitablemente pienso en el
tiempo. Realmente ¿el mañana
nos ofrece algo mejor que el
pasado? Nadie lo sabe, y hace
rato que los profetas no pasan de
ser algo análogo a Walter
Mercado, así que evitemos
ampararnos en lo metafísico, tal
vez nos quede la ayahuasca, pero
ella no responde estupideces. La
descomunal baja en la venta de
guitarras durante el 2017,
parece augurar un confuso hoy y
futuro para el arte más popular
del planeta.
La era de la música digital, similar
al caso de las redes sociales, ha
dado un micrófono a una legión
de idiotas. Ahora basta un
tutorial, un filtro de Instagram y
un software, para hacer de
cualquier persona, un artista. Sí,
un artista. No es que sea
ortodoxo respecto a la música,
pues sería desconocer que sin
tecnología nunca hubiéramos
escuchado vanguardias como
fueron en su tiempo Pink Floyd,
Kraftwerk, o el nacimiento de
estilos modernos, tan aclamados
en Europa, como la propuesta
del franco-ecuatoriano Nicolá
Cruz.