La batalla de los ausentes
Lo más importante que se nos está perdiendo es la alegría . No es lo mismo disfrutar o buscar el placer que sentir alegría . La alegría ni siquiera depende de nosotros . Existencialmente eso es muy poderoso . Podemos organizar aquí una fiesta esta noche , comprar los vinos de las mejores marcas ; según nos convenga , traer un cuarteto o un dj . Pero ¿ y la alegría ? La alegría es algo que va más allá de lo humano .
¿ Cuándo empezó La Zaranda ?
En 1978 y , como toda compañía joven , vistiéndose con trajes de otra gente , del teatro del absurdo y otras tendencias que había entonces . También hizo teatro de calle La Zaranda . Sobre todo porque sobrevivir cuando eres joven es muy difícil . Luego hay en la historia de la compañía un encuentro con Juan de La Zaranda y se genera una obra que fue Mariameneo , Mariameneo , que se estuvo haciendo tres años . Pero no en un proceso de encierro y a los tres años salimos , no . Juan hizo una versión muy libre de Lisístrata que se iba montando sobre el escenario , enfrentada con el público . Esa obra fue la gran semilla . Yo entro al final de ese proceso de
Mariameneo , cuando ya se había depurado muchísimo . En esos tres años Juan había aprendido el desarrollo de un lenguaje dramático propio y yo llego felizmente en el momento que esa obra va a viajar a América . Ahí se abre una perspectiva absolutamente nueva para La Zaranda .
¿ Entras en la compañía para la iluminación ?
Sí , pero estuve en todos los ensayos . Yo era una persona que tristemente escribía en la mesa camilla de la casa de mis padres . Escribía para mí mismo , con esta esperanza remota de que alguien alguna vez te lea . Voy para la iluminación y me quedo fascinado de cómo la palabra allí toma cuerpo , literalmente se encarna . Un verbo que afortundamente Stanislaski rescata del vocabulario religioso , porque se encarna el texto . Es decir , el actor tiene que prestar todo el sudor , nervio , sangre y saliva para que la palabra no sea él . Y eso a mí me fascinaba .
Con Mariameneo hicimos Francia , Alemania , Nueva York , Cleveland y una gran parte de Latinoamérica persiguiendo qué de universal tenía una gente que había ensayado en la alcoba de Gaspar Campuzano , porque no teníamos local y sacábamos los muebles para ensayar en aquella habitación … sin iluminación , ni un foco , solo teníamos la lámpara del techo . Pero me sentaba con Juan contra la pared y los actores , claro , se daban con nuestras rodillas .
Verdaderamente era algo muy bonito ver cómo Juan , Paco , Gaspar y dos actrices que había entonces , Marisa y Ana , iban creando todo un mundo mágico para mí . Lo que transmitían las palabras y a donde llegaba el culmen de la palabra para desembocar en silencio . Un silencio hondo . Un silencio que solo puede dar la palabra . El actor trabaja con esa palabra — que ya no es del autor — y le presta todo su cuerpo , todos sus poros , para que sea la del personaje . Si no , tenemos ese acto lamentable de la interpretación del gran actor que siempre se imita a sí mismo , pero con distinto ropaje .