lejanas. El sol empezaba a dorar los campos, el humo sobre las chocitas, el ruido metálico del tren sobre los rieles, que se juntaba, allá a lo lejos. Era toda una misión cultural la que iba con nosotros, muchachos estudiantes del Conservatorio Nacional de Música, como Blas Galindo, los hermanos Oropeza, Salvador Ochoa y otros, todos ellos no me conocían aún, pues iba guardado. Alfonso del Río hacia canciones y versos y decia: Esta misión proletaria que recorre Michoacán en sus programas subraya franco anhelo cultural … Y así seguíamos caminando, mientras el sol recorría, como nosotros, su camino, cambiando a cada instante su luz languideciendo con majestuosidad tras las montañas, y nuestras melancolías se perdían entre los reflejos dorados del lago de Cuitzeo, y en la paz de la tarde que iba cayendo Los campesinos regresaban con sus bueyes cansados y rumiando su tristeza Todo ese paisaje nutria mi existencia a través de los ojos de Loló. En esa tarde dulce en que llegamos a Morelia ya nos esperaban en la estación estudiantes de la Universidad Michoacana. Cargaron mi caja hasta un portal frente a la catedral y ahí nos instalaron, en el“ CASTILLO DE CHURUMBEL”. Al otro día, en la noche, me sacaron, estaba en el foro del teatro Ocampo, oía como desarrollaban su programa los alumnos del Conservatorio y oí también con espanto como el público, totalmente de estudiantes, estaban decididos a formar una gran bronca para que nos regresáramos, pues llegando de Educación Publica nos creian Socialistas, y no había ninguna familia, ni menos niños. Los estudiantes con sus silbidos, sus burlas y sus protestas hicieron quedar muy mal a los estudiantes del Conservatorio, cuando me tocó trabajar después de ellos tenía mucho miedo, pero también tenia coraje y rabia de pensar que yo tan chiquito y siendo muñeco, se burlarían más de mí. Todos los animadores tenían miedo, pero yo, ya en manos de Loló me di valor y empecé a asomarme por entre las cortinas. Cuando pretendía silbarme, me escondía y salía por otro lado por donde ni me esperaban, hacia burla y también les silbaba, los convencí y me dejaron hablar, y como siempre dije chistes y verdades, entonces empecé a trabajar, los palos al Diablo, mi cabeza pelona, el piojo con guantes, mi pollito muerto y todo eso les hizo reír y reír. Aplaudieron mucho y quedamos como amigos. Así se corrió la voz por todo Morelia y nos aceptaron. La labor de esa noche me llenó de satisfacción y alegria porque había vencido a la misma ignorancia en los que no debían tenerla. La noche apacible nos trajo el descanso, en mi caja y junto a mi abuelita. Corrido
Esta misión proletaria que recorre Michoacán en sus programas subraya franco anhelo cultural.
El entusiasmo hace juego con nuestro sano ideal porque llevamos al pueblo
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