No es raro ver que a los pobres niños se les ofrezcan fantasías que están en grave desacuerdo consigo mismas. V. gr., una nave interplanetario que nos conduzca a un mundo de hadas y duendes, es una aberración de la inteligencia.( Que. Sin embargo, ya se le ha brindado alguna vez a los niños.)
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Las leyes naturales se descubren, así los autores de fantasías deben descubrir las leyes de cada universo creado, no“ inventarlas”, no crearlas a capricho. Las leyes morales, en cambio, son las mismas en todos los universos. Como observa Tolkien en el señor de los anillos, el bien y el mal son los mismos entre enanos y elfos que entre los hombres.
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La rima y los versos resultan siempre gratos y aconsejables, porque confieren magia irracional a las palabras. Les dan una función extra, gratuita, musical, misteriosa o cómica. Hacer que de pronto, después de ciertas simetrías de acentos, coincidan las silabas finales, es un placer sonoro que nunca resulta excesivo prodigar. Si al adulto agradan los versos, más sorprendentes e inusitados pueden resultar para el niño, sobre todo si saltan sorpresivamente en medio de la prosa.
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Un adorno que no se usa lo bastante son las repeticiones, ese viejo recurso de la épica popular y de los juegos infantiles tradicionales, las frases que se repiten casi textualmente, o textualmente, al encontrarse los personajes en situaciones que reiteran alguna ya conocida antes. Reconocer es una gratificación básica. Oír volver el tema de la sinfonía. El niño ríe en la cuna cuando nos tapamos la cara y la descubrimos de nuevo: el placer de reconocernos. Las frases repetidas varias veces se vuelven, automáticamente, cómicas. Las repeticiones matizadas en la acción pueden dar un sentido misterioso de movimiento espiralado, ascendente.
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En el teatro infantil hay una gran preocupación, generalmente, por la asepsia del diálogo, qué no este contaminado por vulgaridades del habla diaria, que no contenga términos considerados escabrosos y escatológicos. Esta esterilización a menudo conduce a la muerte, queda un bagazo insípido y desprovisto de vitalidad. De ningún modo aconsejaría un nivel de dialogo idéntico para adultos que para niños, pero si es obvio que la excesiva limpidez es un divorcio de cualquier realidad. A quienes temen contaminar los oídos del niño, debe recordárseles cuales son las más frecuentes inscripciones en las paredes de la escuela. El teatro no va a copiar el lenguaje en sus peores niveles, sino en los mejores; va a tratar de ofrecer muestras de lo más vivo, permanente y trascendente del habla cotidiana; dentro de esto, un exceso de asepsia es tan desaconsejable como lo sería un lenguaje extraído de los niveles ínfimos del habla.
Emilio Carballido Fentanes( Córdoba, Veracruz, 22 de mayo de 1925— Xalapa, Veracruz, 11 de febrero de 2008) fue un escritor y dramaturgo mexicano.
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