acogió generosamente varios de los artículos.
Durante los años siguientes trabajé con los menores infractores en la ciudad de México, tanto en el interior del centro de San Fernando como en un centro de atención para externados. El proyecto desapareció al ganar el PAN las elecciones.
Trabajaba también para Conaculta, en su programa Alas y Raíces, lo que me permitió, durante más de diez años, dar funciones e impartir talleres en todo el país y desempeñarme con niños en situación de calle en un proyecto que canceló la policía al soldar una noche las coladeras en que vivían los menores.
En el año 2002 intenté un nuevo reto en el que me exponía fuera del teatrino como actriz en solitario y manejaba nueve títeres de técnicas distintas sin contar con un lugar para ocultarme. Ananké, la obra escrita por mi compañero, musicalizada por una amiga y compañera, y dirigida por un ex alumno mío fue algo hermoso, muy complejo y difícil, que movilizó todo mi cuerpo, mis emociones, mis conceptos. Un parteaguas que repercute en mi interior todavía y que me hizo crecer en muchos sentidos. Ese mismo año nació mi primera nieta. Nos mudamos al bosque. Iniciamos un periodo de seis años de giras contínuas por varios países de América y Europa.
En 2008 decidimos parar un poco debido a que murió mi madre y nacieron tres nietos en un mismo año. Luego dos más espaciados. Me convertí en abuela y disfruté sus nacimientos.
Seguimos viajando. Dirigí algunas obras en Argentina, otras en México y Ecuador. Experimentamos nuevas cosas en todas, siempre poniendo en riesgo a títeres y actores.
El año pasado asistimos al Festival Cervantino con un montaje transdisciplinario. Este año coordino un planteo similar en carpa abierta, con la coparticipación de los espectadores y dos de mis nietos interviniendo con rutinas de acrobacia.
El teatro de títeres no se puede enseñar a secas. No puedo dar un manual de construcción, poner en escena cualquier texto publicado e indicarles cómo decirlo, cómo moverse, cómo vestirse, etc.
Para mí es un arte, una poiesis. Tienes que ser tú el que crea, el que se pone entero, el que dice lo que quiere decir, lo que tiene que decir de la manera en que quiere decirlo. Es una cuestión de libertad, de responsabilidad por las acciones, de pasión por la creación y el riesgo. De otra manera, para mí, no hay nada.
Los recetarios de cocina no me sirven para el teatro de títeres.
Hay una fuerte tendencia a excluirme de las historias. Frecuentemente se olvidan de colocar mi nombre como directora, como fundadora, me niegan como titiritera, me borran de las listas. No figuro en los catálogos. A
18