Dramaturgia
para Títeres
Don Polito
(Teatro guiñol tradicional)
De Ramón Perea Rubio
De Ramón Perea puedo decir muy poco, y no es por desinterés o pedantería, sino por pura ignorancia.
Afortunadamente las redes sociales han hecho el mundo muy pequeño, lo que permite el libre intercambio de
información. Por este medio me he puesto al corriente del trabajo que Ramón Perea viene realizando desde hace años y
me ha llegado el texto que comentaré en esta ocasión: Don Polito, una obra escrita para teatro guiñol tradicional
Se trata de una obra que remite directamente a lo más clásico del teatro guiñol, con personajes simples y
divertidos que nos mantienen interesados y por momentos con una sonrisa en los labios. Con simpleza se debe
entender que son personajes directos, con una construcción tan clara y contundente que no te permite dudar sobre sus
intereses y motivaciones. Me parece que hay uno que trasciende el común denominador, Cerdo, personaje complejo y
divertido que necesita ir a terapia para resolver un severo problema existencial: ¿quién soy? Cerdo no tiene claro quién
es, por eso cada vez que lo vemos en escena, cree ser un animal diferente. La falta de identidad y la manera como
tratamos de transformamos en otros para intentar encajar es un problema muy contemporáneo. Así que partiendo de
una anécdota sencilla, la del niño travieso que después será castigado por su mal comportamiento, en realidad Ramón
Perea está abordando temas que hoy en día se discuten entre pensadores e intelectuales de todo el mundo.
El elemento que más me llama la atención de Don Polito es su inteligencia escénica. Todo en el texto está hecho
y diseñado para el escenario. El autor es muy consciente de que el propósito de su obra es ser representada, con lo que
de manera involuntaria, Don Polito se convierte en un libreto transgresor, dado que la moda de nuestro tiempo dicta
que el dramaturgo es un artista egocéntrico que sólo escribe para sí mismo. Estamos ante una obra generosa que
considera que la participación del público es fundamental para que suceda el arte teatral.
Para no abundar demasiado, dado que es mucho más importante leer Don Polito que mi comentario sobre la
obra, terminaré mencionando dos elementos que me parecieron muy notables. El primero es el cuidado que hay en la
utilización del lenguaje. Si bien los temas que toca Don Polito son contemporáneos y universales, su lenguaje la sitúa en
una geografía y un tiempo muy específicos. Ni siquiera me atrevería a llamarla “muy mexicana”, porque sería colocarla
en un lugar lleno de moda folclórica, al que no pertenece. Me refiero simplemente a la singularidad que te permite
disfrutar una obra que es capaz de proyectar un mundo propio a partir de la belleza de su lenguaje.
El segundo elemento, y con el que termino, es la alegría de la vida. En Don Polito todo es belleza y armonía. Los
personajes cantan y bailan, porque la mejor manera de estar en el mundo es vivir en el aquí y ahora. Lugar trillado para
todos los que nos dedicamos al teatro, pero casi imposible de llevar a la práctica en el mundo común y corriente, fuera
del teatro guiñol.
Comentario Hiram Molina Guerrero
A lo lejos un rebuznido, largo y sonoro. Don
polito entra montado sobre un burro.
Don Polito- ¿Pero muchacho por qué te
ataimas?... vamos, vamos, toma el trote.
¡Kalimán¡… ¡toma el paso, muchacho este!
subiendo esta loma ya se divisa de allí El
Quelite. ¡Ha que burro tan testarudo y rejego
este!… ¡Ándale, bribón, toma el paso!… ya me
duelen las nachas con tanto brinco. Mira
Kalimán, que si no te apuras te juro que te
amarro del ombligo y te lo estiro… (Mira hacia
el público) ¡Mira! ¡Parecen niños! ¿Serán
niños?… ¡son niños! ¡Bah! Son solo
sombras…Estoy viendo espantos por todas
partes… es que estoy medio ciego… Parecen
nahuales… a mí se me hace que son estropajos
que se cayeron de la enramada, de plano me he
vuelto turulato… veo onzas y espectros… ¿son
niños o pequeños fantasmas del río? (Se
escucha a Kalimán rebuznar) Vamos a ver,
buenos días…
47