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naranja que las envolvía y la gente que me daba la más sinceras de las bienvenidas. No necesitaba alojarme en un hotel de lujo para vivir la cultura mexicana en todo su esplendor. Estaba más que perfecto así, sientiento aquel calor mexicano tan distintivo. a que yo iba hasta Veracruz, un estado de México, en el cual vería la gran escultura. Me esperaba un viaje un poco largo, aproximadamente de 4 horas, pero a mí eso no me importaba, yo estaba intrigado por averiguar más sobre la cultura y aprender más del tema. Cansado, llegué y pronto un guía se acercó a mí para explicarme y guiarme durante mi visita. Rápido llegamos al lugar donde la cabeza se encontraba, era un sueño completamente, la escultura era totalmente diferente a las fotografías, era aún más impresionantes y grande de lo que yo imaginaba.

Todo era muy interesante, aprendí muchas cosas sobre la cultura Olmeca, el guía me contó un poco de su historia. Me dijo que la cultura Olmeca había sido una un civilización antigua precolombina que habitó en las tierras bajas del centro-sur de México, durante el periodo Preclásico Medio mesoamericano, aproximadamente en el estado mexicano de Veracruz y Tabasco en el istmo de Tehuantepec. La cultura Olmeca tuvo una muy amplia influencia ya que sus obras de arte de esta civilización también se encuentran en El Salvador. Los olmecas se desarrollaron entre los años 1200 A.c hasta alrededor del año 400 a. C. Y por muchos historiadores es considerada la madre de las culturas o civilizaciones mesoamericanas (“La cultura madre") que más tarde surgirían. Todo había sido de mi agradó, había sido más de los que esperaba.

Mi viaje estaba a punto de terminar aún me quedaba 1 día más en México, un día más para disfrutar. Ese último día visite la playa, las cuales son un gran patrimonio cultural del país, unas de las más bonitas en el mundo me atrevería a decir. También visité algunos museos y espectáculos, maravillosos he de agregar, compré souvenirs, dulces típicos y tome cientos de fotos para mi álbum. Recuerdo también que ese día me reencontré con un viejo amigo con el cual había estado en la primaria. Al verlo sentí una alegría inmensa e inexplicable, recuerdo que siempre estaba a mi lado en todos los momentos, en las buenas y en las malas. Siempre me aconsejaba, ¡Vaya que era muy bueno!. Me contó varias anécdotas de su vida, me contó sus viajes e incluso me invitó a su casa para continuar con la plática y recuperar el tiempo en el que habíamos estado ausentes el uno del otro.

Despues de historia tras historia, foto tras foto, la noche llegó, era hora de despedirme de mi viejo amigo y esperar algunos años para vernos de nuevo. Me regaló algunas cosas, me regaló fotos, comida, fruta y algunos dulces típicos los cuales me gustan demasiado.

Finalmente había llegada el día, después de meses viajando por el mundo, disfrutando de la vida , y el reencuentro con un viejo amigo, mi viaje había concluido, yo regresaría a Alemania. Triste llegue al aeropuerto. Un poco fatigado y apresurado aborde el avión, recordando las aventuras y travesías vividas.

Viajando a kilómetros por el cielo, pasando arriba aquel manto azul, después de horas llegué a Alemania. Apenas podía sentir mis piernas de tan agitado viaje pero solo era un pequeño tramo más que recorrer. Después de haber conocido tantos lugares el mundo se hace muchísimo más pequeño. Me era difícil asimilar la realidad, tomé un taxi el cual me llevó hasta mi casa. Sentí un gran alivio al llegar, tranquilidad e inmensa paz. Después de un viaje tan agitado para mí, todo había terminado ¡Oh vieja y amada casa! Lamento mi ausencia. ¡Nunca me dejes volver a hacer tal locura! Todo sucedió tan rápido y fue tan asombroso. Era, como ya había mencionado, un alivio pero una extraña parte de mí seguí queriendo un poco más de aventura. Imagina cuánto más hay allá afuera por descubrir. Cientos, miles de ciudades con sus secretos que me llamaban a continuar sin embargo ya estaba cansado.. Aunque lo deseara simplemente el cansancio había logrado derrotarme.

Ordené mi ropa (o al menos lo intenté), mis recuerdos se fueron a aquella cajita que adornaba el espacio que hay debajo de mi cama, puse en cuadros las fotos y muy fatigado me dirigí a la sala. Recostado en mi tan anhelado sillón manchado y muy pensativo no pude hacer nada más que dejar que el peso venciera a mis párpados.

Cuando abrí nuevamente mis ojos, no podía creer lo que estaba presenciando. Vi todo más colorido. Me sentía en el paraíso. El sol brillaba como nunca, las nubes estaban grandes y eran iluminadas de una manera espectacular. Los pájaros cantaban y las flores estaban en su máximo esplendor. Fue entonces cuando quedé paralizado. Estaban ahí, frente a mí. Mis padres. Tal y como los recuerdo. Simplemente sonreían. Mi mente gritaba “¡Mamá! ¡Papá!” cual niño perdido pero no era capaz de articular palabra alguna. Ellos sonreían y una luz resplandeciente los iluminaba por detrás. Recuerdo el haber llorado. Definitivamente eran lágrimas. Después de tanto tiempo, aquel loco joven que había salido de casa para perseguir un sueño había regresado a casa. Y como siempre, sus padres lo habían estado esperando con los brazos abiertos. Corrí, corrí y corrí hacia ellos. Creía que sería imposible debido a mis frágiles piernas. Sin embargo continuaba corriendo como si mis piernas estuvieran llenas de fuerza como hace tiempo. Las primeras palabras que pudieron salir de mis labios fueron: ¡Esperen! Y lo hicieron. Los abracé como si mi vida dependiera de eso. ¡Su olor! ¡Su calor! ¡Tal y como recordaba! Mi madre solo formó una sonrisa inocente y preguntó “¿Qué has estado haciendo jovencito? Tomé su mano y contesté: Te lo contaré todo llegando a casa. Y así lo hice. No está nada mal. Que para este loco por el arte, toda su vida le estuviera esperando una pintura solo para él más bella de lo que jamás pudo imaginar. Es divertido. ¿Quién hubiera dicho que también hay obras de arte en el aquel lugar?