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Un largo viaje

pan plano de Pita que es redondo y suele ponerse sobre él una capa de hummus, elaborando de esta forma una especie de salsa para mojar, fue un plato delicioso y exquisito, simple pero bueno, después en la tarde me fui al parque Sacher a recostarme y disfrutar de la sombra que podía tener por un rato, veía a las personas caminar y ejercitar al igual que a los niños jugando en el área donde están las resbaladillas y columpios, todos se veían felices y eso me calma la mente, por la cual cerré mis ojos un rato y me quede dormido por horas, cuando desperté ya estaba oscureciendo, entonces me fui al hotel y aliste mis cosas para irme de viaje en próximo día, cuando estaba a punto de irme a dormir, me fui al balcón a ver las estrellas ya que se veían hermosas en el cielo sin nubes, llegue a mi cama y decidí quedarme despierto por unos momentos a escuchar a las personas caminando en la calle. La mañana siguiente, después de vivir aquel circo del aeropuerto otra vez, abordé el avión lleno de caras desconocidas que sólo tenían algo conmigo: Su destino era París.

París, París una ciudad tan hermosa. Volar sobre ella era toda una maravilla. Casas tras casas todas tan bellas, estatuas que decoran las calles y miles de personas que pasan con ojos llenos de esperanza e ilusión. Estoy esperando el momento en que por fin baje de este taxi para ir a ver todas las bellas obras, estatuas, ya quiero ver las pinturas de Miguel Ángelo, en cuanto abren las puertas del avión, salgo por un tipo túnel, y me encuentro con uñas largas escaleras, ya estoy muy viejo, así que siento mis rodillas un poco desgastadas, así que camino con pasos firmes y algo lentos, un señor como de 36 años se me acerca y me dice -Je aider avec vos bagages, monsieur?- no entendía que decía, hasta que capto que no hablaba francés me dijo - lo siento señor, creí que era de por aquí, ¿no quiere usted, que le ayude con su maleta?- asentí con la cabeza, y el amablemente tomo mi maleta y me ayudo a llevarla hacia donde estaban los taxis, me ayudo a parar uno y meter mi maleta en el taxi, final mente me despedí y le di 10 euros, pero no me los acepto así que subí al taxi para dirigirme al hotel, fui a la recepción para que me asignarán mi cuarto; entrando a mi cuarto acomode mi maleta y vi un mapa de París , había muchos museo que visitar como el musée du quai branly, musée bourdelle, musée des arts, y después me topé con una hermosa estatua La Venus de Milo, se encontraba en el museo Louvre-Paris, era bellísima. Salí corriendo del cuarto caminando por la hermosa ciudad de París, mientras daba mis grandes pasos a toda prisa, no me di cuenta que estaba perdido, estaba muy lejos del museo, así que me acerqué a una señorita que estaba enfrente de una tienda,. Me acerqué a preguntarle pero lo único que decía era - désolé, je ne comprends pas- que significaba no lo entiendo, decidí entrar a la tienda a preguntar pero tampoco lo entendían, después de señas y señas, me rendí, y me decidí por mejor dar un paseo por todo París.

Caminé solo viendo tiendas, después vi una nevería, se me había antojado un helado así que entre y solo pude pedir mi helado con señas, fue divertido y raro a la vez, mientras comía mi helado seguí caminando hasta toparme con la hermosa Torre Eiffel, era bellísima , me subí por unos tipos elevadores hasta la última parte de arriba, se veía todo París era bellísimo, enfrente se podía apreciar un tipo jardín, y alrededor casas, tiendas y por ahí mi museo, el museo que tanto deseaba ir, me imaginé viendo La Venus de Milo, apreciándola, pero tal vez eso no se cumpliría.París es muy grande y no sabía si encontraría el museo, después de un rato anocheció, la torre era bellísima iluminada, todo era mágico, al final seguí caminando por todo París, no había taxis ni transporte, hasta que mejor que quede sentado en un banqueta, pensando en cómo volvería, voltee hacia atrás para ver donde me encontraba, y para mi sorpresa vi el museo ahí estaba, Louvre-París, lo había encontrado por fin, lo único malo estaba perdido, me levanté y vi el horario, después de verlo seguí mi camino y me encontré con un mendigo, para mi sorpresa hablaba español, le pregunte donde se encontraba mi hotel, el me indico como dos calles, y agarre camino hacia ellas, la noche era tenebrosa y fría, así que camine lo más aprisa que pude.