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EL PERRO, MÁS QUE UNA HERRAMIENTA

Hay pocos desarrollos que han realmente revolucionado la vida del hombre, el más desapercibido probablemente sea la domesticación del perro y todo lo que esta conlleva.

En la actualidad, tener un perro es un símbolo de estatus, una forma de entretención y sinónimo de un compañero fiel. Pero hubo un tiempo en que estos animales no generaban empatía, producían terror. No fue hasta hace unos pocos milenios de coevolución que el humano ha desarrollado vínculos emocionales que permiten la integración de especies domesticadas a la vida diaria.

En este artículo, se busca esclarecer los motivos que han llevado a sapiens a invertir tanto tiempo y esfuerzo en conseguir el perro perfecto.

Es fundamental entender su origen, ya que en él se explican todos los detalles en su código genético. El proceso de divergencia con la especie que posteriormente daría lugar al lobo europeo comenzó hace al menos 75.000 años. Pero las relaciones comensales empezaron poco antes de la agricultura. Es en este momento se produce infinidad de cambios en el aspecto físico.

El cambio morfológico, que resulta estructuralmente más relevante, es una marcada disminución en el ángulo entre el hocico y la frente; con un subsecuente deterioro de la bulla del tímpano.

El deterioro en la audición se explica solo si las tareas que empezaron a desarrollar no necesitaban agudeza en la resonancia de sonidos, lo que es un claro indicio de la adaptación al ritmo de casería humano en el cual se rastrea a la presa hasta agotarla.

Pero más allá de los cambios morfológicos comunes que poseen la mayoría de los caninos, lo que sobresale en el perro son sus procesos cognitivos. A través de un arduo trabajo de selección natural, se logró convertir un animal salvaje en un esclavo.

Se prolongaron perpetuamente los comportamientos propios de un lobo joven, se destruyó la jerarquía de la manada para favorecer la reproducción y más importante se eliminaron comportamientos de depredador hasta convertir al perro en un rastreador.

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