a moda siempre ha sido un reflejo
de la sociedad, una expresión de
identidad y, a veces, una forma de arte en sí misma. Sin embargo, en la vorágine de las tendencias y estilos cambiantes, es fácil perder de vista la verdadera esencia de la moda.
Actualmente, está normalizada la comparación de irse de compras con un simple hobby. Yo misma admito que, cuando me preguntan si tengo una afición, contesto que es la moda, todo lo que engloba en sí: irse de compras, ver desfiles o leer revistas. Sin embargo, si me paro a pensarlo fríamente, ¿estoy siendo realmente empática con la sociedad? Desde que la industria textil ha florecido y ha alcanzado su máximo esplendor con grandes multinacionales como Inditex, hemos visto cómo las condiciones, los salarios y los derechos de sus trabajadores han tenido el efecto inverso: una gran decadencia.
De los 75 millones de trabajadores que se dedican a confeccionar ropa (yo creo que más, porque los que trabajan desde casa son difíciles de cuantificar), un 98% no gana lo suficiente para vivir. ¡Un 98%! Es esclavitud moderna. La gran mayoría son mujeres. Ahí tienes otro rostro de la moda: una mujer pobre y explotada. Estamos ante una moda basada en la mano de obra barata y en la explotación salvaje de recursos naturales. Así lo expresaba y resumía Marta D. Riezu, la autora de La moda justa.
Hoy en día podemos encontrar a dos personas mínimo que lleven puesto el mismo jersey, vestido o pantalón que nosotros ¿Por qué ocurre esto? Es muy sencillo. Si miramos las etiquetas encontraremos que todos pertenecen a una de las tiendas de fast fashion. Las razones por las que compramos en estos lugares son múltiples: Son compras baratas y rápidas (incluso lo puedes pedir online, cuando no lo encuentras en la tienda y recibirlo en tu casa en un par días) con las que adquieres las tendencias del momento…
Sin embargo, ¿qué hay de esa exclusividad que encontrábamos hace