Entre finales del siglo XlX y principios del sigloXX, América Latina se convirtió en una región codiciada para las grandes potencias (Inglaterra y Estados Unidos), debido a sus abundantes recursos naturales. Este factor impulsó a Inglaterra primero y a Estados Unidos después a invertir grandes cantidades de capital en el desarrollo agrícola de las naciones latinoamericanas, con el fin de exportar materias primas. Bajo esas circunstancias se adoptó el modelo agroexportador en América Latina. Las naciones latinoamericanas establecieron una relación de dependencia con los países industrializados. Los países desarrollados, con ayuda de las oligarquías locales, controlaron los precios de las exportaciones, el capital que invertían y los principales sectores de América Latina.