La cultura es lo que nos hace ser humanos, pero quede claro que con esto
no quiero decir que debamos dejar la tecnología a un lado, no; es solo que
debemos retomar los cánones de los cuales venimos y hacerlos nuestros.
Adaptarlos y no desecharlos como si no nos sirvieran, porque al final de
Mártires en la crisis moderna
Melissa Juárez Mora
ellos hemos nacido.
Uno es lo que lee, somos el reflejo de nuestro libro favorito, somos la
creación del Principito, los monstruos de Mary Shelly y el drama de Ana
Frank en cada página de su diario. Nosotros somos historia, somos cul-
tura.
“la violencia mexicana no queda en un estado opresor ni en
un sofisticado sistema de narcotráfico. Empieza conmigo, con
nosotros, con todos.”
Somos esa cultura que estamos dejando sin vida.
El siglo pasado fue testigo de dos grandes guerras que hicieron ver las
batallas de Napoleón como un juego de niños. El daño no se quedó en las
trincheras, aun con “tratados de paz” y organizaciones mundiales que bus-
caran la diplomacia, el daño moral y psicológico que dejaron estas guerras
sigue manchando al hombre hasta nuestros días. De pronto la vergüenza,
apatía y melancolía de los sobrevivientes de los conflictos bélicos pasó a
las generaciones próximas, primero en la cultura y el arte, y luego en los
o mal del otro―. “La Modernidad tiene una insaciable avidez de progreso
y de consumo y el fascismo es la violencia sin rostro humano, precedido
de la modernidad” (Benjamin, W.).
Fromm se pregunta si acaso no es cuerdo aquel inadaptado a la sociedad,
si esta no es una sociedad enferma. ¿No será posible que la masa se en-
cuentre inadaptada a la propia naturaleza humana?
“Muchos neuróticos graves creen que sus ritos compulsivos o sus ma-
nifestaciones histéricas son reacciones normales contra circunstancias un
tanto anormales. ¿Y qué es lo que sucede con nosotros? (…) No es mucho
más alentadora nuestra gestión en los asuntos económicos. Vivimos den-
tro de un régimen económico en el que una cosecha excepcionalmente
buena constituye muchas veces un desastre económico, y restringimos la
47
48
sistemas político y económico ―con su egoísmo y desinterés hacia el bien