Zaguán Literario Zaguán Literario 02 | Page 44

en una ciudad cercana. Salimos dos horas, no más– al terminar estas pa- Tenía muchos años sin verlos. De hecho, labras, el hombre se quedó callado unos segundos. la última vez peleamos juntos en Siria. –¿Y qué pasó?– pregunté casi seguro de la respuesta. – me contestó con mucha naturalidad. –Latakia fue destruida. Esas dos horas de ausencia por parte de mi gente –¿QUÉ? ¿SIRIA? ¡Wow, qué interesante! marcó el final de la vida de 70 personas. Estuve devastado, me sentí en- ¿Usted a qué se dedica?– dije con muchí- teramente culpable por la muerte de tanta gente. Sentí un vacío gigantesco. sima emoción e intriga. Lloré por las cinco horas siguientes. Caminé entre los restos que había de- –Fui soldado en Alemania. Mira esto. jado la explosión. Sin ánimos, me sentía rendido. Sin embargo todo cambió – me acercó su muñeca que tenía un cuando la escuché. Un lloriqueo débil se asomaba entre dos paredes que viejo reloj polvoriento– Es mi reloj de habían colapsado formando una especie de triángulo. Me acerqué rápida- la suerte. Lo tengo desde que fui a mi mente y vi su carita llena de polvo. La tomé en mis brazos y le limpié los primera batalla. Me lo dio mi coman- ojos. Inmediatamente mi corazón sintió calidez, era amor a primera vista. dante con la orden de romperlo en el Mi hija, aquel día adopté a Sunny, mi niña. momento en el que esté a punto de dar Para este punto, me sentí completamente conmovido. Al mismo tiempo, mi último suspiro. Así se sabrá con ex- mis gestos expresaban asombro, intriga, felicidad, tristeza y dolor. Jamás actitud la hora de mi muerte. había experimentado tantas emociones en tan poco tiempo. Miré mi reloj Mi cara no podía tener gestos de sorpresa más grandes. Estaba platican- y me sorprendió el paso del tiempo. Ya era hora de abordar mi tren hacia do con un antiguo soldado de guerra. Lo único que no me agradaba era Copenhague. que seguía empinándose la botella de vodka cada cierto tiempo. Incluso –Me tengo que ir. Gracias por la plática. Estoy contento que por lo menos me ofreció más de dos veces. Conforme el tiempo pasaba, me recalcó que tuviste la oportunidad de encontrar el amor a raíz de esa horrible expe- tenía un enorme amor por Siria: riencia– comenté. –¿Sabes?– exclamó el soldado con un aire pensativo– no es el país en sí. –Gracias a ti por escuchar– me dijo el señor con una sonrisa. Siria siempre se me ha hecho interesante. Pero gracias a aquel lugar, con- seguí a mi hija. ROBERTO CANDIANI JIMÉNEZ –¿Cómo?– dije con mucha curiosidad. –Lo que pasa es que me dieron la tarea de cuidar el pueblo de Latakia. Éramos un escuadrón de 20 soldados y yo estaba al mando. Nos man- tuvimos conviviendo con la gente de Latakia por tres años, nunca hubo ningún problema. El 13 de marzo de 1992 recibí un mensaje de mi co- mandante. Él necesitaba a mis hombres para movilizar un cargamento 43 Tiene 20 años y nació el 20 de Marzo de 1995. Estudia comunicación en la Universidad Panamericana. Desde pequeño fue amante de la lectura, sus padres le inculcaron esa curiosidad de aprender más para ampliar su conocimiento. Busca especializarse en el ámbito cinematográfico. Le apasiona ver películas y analizar la parte técnica de cada escena. 44 –Vine a visitar a mis antiguos amigos.