ciosas pildoritas que se llevarán todos los malestares de tu vida.
Te levantas, le das la mano al doctor, mientras te dice –¡Espero no vuelvas
pronto! – el chiste que probablemente le ha contado a todos los pacientes
que ha tenido –Paga en la recepción por favor– agrega después de su mal
Adoptando a Dana/Helga
Valentina Hayashi Chávez
chiste y cierra la puerta para bien. Te acercas a la recepción, después de
tener una de las experiencias comunes más incomodas que alguien pu-
diera tener.
De nuevo, frente a la recepcionista, la cual ahora tiene la cara más ho-
repertorio de telenovelas del canal dos, le preguntas –¿Cuánto fue de la
rrible gracias a las horas que debe de estar ahí sentada viendo todo el
“¿Quién decidió que la misión de Dana en esta vida era sim-
plemente ser pie de monta de perros con pedigree en un
criadero? ”
consulta señorita?– sí, te dignas a decirle señorita, aunque lo único que
tenga de señorita es que no está casada, a lo cual te responde con su mis-
ma voz gangosa y gris –Doscientos pesos joven.
Pagas, sin antes darte cuenta que acabas de pagar por sentirte horrible
una hora con una persona que no conoces y ha visto más partes tuyas
que cualquier mujer en los últimos meses. Finalmente sales de la puerta
del consultorio sin saber si te sientes aliviado o simplemente peor.
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