El día y la noche son hermanas condenadas a pasar separadas toda la eternidad. Cual aceite y agua, su naturaleza incompatible les imposibilita reunirse. Sin embargo, cuando eran jóvenes le rogaron a Dios interceder en su desgracia. Como su Creador las vio tan desesperadas, les otorgó dos tareas en las cuales se reunirían. Desde entonces, existen el amanecer y atardecer, momentos donde las hermanas bailan combinando sus colores, mientras se regocijan al despedir o recibir la presencia de la otra.
He sido muchas cosas, pero nunca fui tuya. Demasiadas veces miré el odio a los ojos, me habló la amargura y me besó la soledad. Pero aun así estoy aquí contigo, lado a lado nos encontramos, y nunca había estado tan sola. He sido muchas cosas, pero siempre estuve destinada a que fueras tú quien me salvara de la felicidad.