Mordacidad
En tiempos covid-19 casi todo es comprensible. Casi, pero no todo. Hace unos días, CNN, la cadena de televisión estadounidense, anunció: “los expresidentes Obama, Bush y Clinton se ofrecen como voluntarios para vacunarse contra covid-19 ante las cámaras con el fin de promover la confianza del público en la seguridad de la vacuna”. La noticia se acompaña de una foto del trío: los tres sonríen, portan bellas camisas y a todos se les ve la dentadura (seguro van al dentista), e incluso, al menos uno de ellos, abraza al otro (no alcanzo a ver si el tercero también abraza o es abrazado). Sólo Obama porta lentes oscuros: no creo que se sienta deslumbrado por los exmandatarios, más bien, debe sentirse superior a ellos y confiado en su herencia.
No suelo ser mordaz, “Que corroe o tiene actividad corrosiva”, pero, de cuando en cuando, quizás a diario, sea saludable y necesario ser áspero y picante: hacerlo mitiga molestias, disminuye el número de citas con la psicoterapeuta y atenúa enojos personales.
Lo único rescatable del Trío vacuna, o si se prefiere, del Trío covid-19, es la pluralidad: dos son demócratas y uno es republicano. “¡Vaya civilidad!”, me dije cuando vi la melange. “¡Vaya cordura!”, pensé y comenté con quien pude (entre otros, con el teclado de mi computadora): “Jamás pensé que bajo la égida de Trump una foto así podría surcar el mundo”.
Los ex deben sentirse conejillos de indias por atreverse a poner su brazo después de que decenas de miles de voluntarios en todo el mundo lo han hecho con anterioridad; en ese grupo se llevaron a cabo las pruebas preliminares de la vacuna. Además, supongo, piensan que son héroes: exponen su salud a favor de la nación. Asimismo, consideran, supongo, que la población estadounidense sigue creyendo en ellos debido a sus legados por el bien de la nación (las itálicas no son mías, son de la realidad).
A pesar de las incontables memorias escritas por el Trío Vacuna desconozco la popularidad actual de los ex. Ni siquiera sé si existen estudios al respecto. La realidad es real: tras sus mandatos ni el mundo ni Estados Unidos mejoraron. Hoy, por una y mil razones, su herencia se llama Donald.
Antes de ir a vacunarme comparto una de las razones de mi mordacidad y aclaro: el Trío vacuna es el responsable de estas líneas y lo será ante sus connacionales si la foto y la publicidad no los convence y no acuden a vacunarse.
De fracasar la iniciativa del Trío Vacuna la responsabilidad recaerá sobre ellos: el trío debería haber sido cuarteto. Faltó Donald.
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Arnoldo Kraus es un médico interesado en la bioética y en la ética médica. Preocupado por los excesos y el uso inadecuado de la tecnología, así como por el ascenso de los fundamentalismos. Dedica parte de su tiempo a cavilar sobre la necesidad de fomentar la ética laica. Recientemente publicó Apología del papel en colaboración con Vicente Rojo (Sexto Piso, 2019). La morada infinita. Pensar la vida, entender la muerte (Pengüin Random House, 2019).
Arnoldo Kraus