Es maravilloso tener a alguien que desde pequeño guíe tus pasos, que te ayude a ser quien
eres, que te enseñe pero que te deje espacio,
que te aconseje, que te entienda entus momentos más bajos y te acompañe en los más altos.
No, no hablo de mi padre, hablo de la tele.
La caja tonta, la llaman algunos. Y es cierto que
si sintonizas tele5, bueno, muy lista no es que
parezca, pero es innegable que la tele, ese epicentro del ocio familiar, es fabulosa. Citando
a Joey Tribbiani, de Friends: “¿Qué no tienes
tele? ¿Y hacia donde miran tus muebles?”. Y es
que la tele llegó para quedarse y convertirse en
el centro de nuestras conversaciones, aliñando
nuestras vidas con sucesiones de noticias, programas y series.
Oh, las series. Sólo soy capaz de recordar lo
que comí hace tres días si consigo recordar
qué episodio de Los Simpson estaban echando
mientras. Las series, tan buenas algunas, tan
incomprendidas otras. Y tan rematadamente
malas las españolas. Es cierto, estoy exagerando, hay auténticas joyas entre las series españolas, y últimamente parece que las productoras están dispuestas a rascarse un poquito más
el bolsillo con tal de que la serie salga mejor.
Sin embargo, es indudable que nuestras series
tienen ciertas debilidades que yo catalogo en
tres enemigos fundamentales:
1. Duración: En España tenemos esa costumbre muy nuestra de, cuando algo funciona, exprimirle hasta la última gota, alargando innecesariamente la serie o sacando otras nuevas
con el mismo formato (¿Cuántos programas
de cocina dices que tenemos ahora?). Esto,
además, nos lleva a hacer episodios que superan la hora de duración. No está mal, hay
buenas series con episodios largos, pero aquí
tenemos que contar con el segundo enemigo.
2. Los tramos de audiencia. Como nuestros
episodios son tan largos, estos empiezan a
emitirse en horario infantil, y terminan cuando los nenes ya están durmiendo, lo que hace
que nuestras series tengan que adaptarse a un
públicocon edades muy variopintas. Quien
mucho abarca, poco aprieta, dicen. Esto se
traduce en series con temáti cas muy poco
arriesgadas y repetitivas. Además, esta ola
de politicorrectismo en la que vivimos impide crear argumentos que profundicen demasiado, no vaya a ser que alguien se ofenda; y
como queremoscontentar a todo el mundo,
desde el señor mayor acomodado hasta la jovencita lesbiana independentista, damos lugar
a argumentos con salsa, pero sin chicha.
3. Los product placement. Es decir, incluir algún producto o marca dentro del plano que
estamos viendo para publicitarla. ¿Imaginas a
Walter White discutiendo con su mujer durante el desayuno y de pronto, zas, plano detalle
a su mano cogiendo un brick de Puleva? Sería
curioso de ver. Lo que sucede es que algo que
pretende ser subliminal acaba protagonizando el plano durante el tiempo suficiente para
que te saque de la atmósfera que han querido
crear, y te tire por tierra toda la credibilidad
que tenía la serie.
Desde mi opinión, hasta que una serie no supere estos escollos, no podrá ser considerada
mayor de edad. En este sentido –y como en
casi todo- nos queda mucho por aprender del
extranjero. Aunque al final todo sea un sueño
de Resines.
Escrito por Guillermo Chico