Wild and Young November '14 | Page 71

Es maravilloso tener a alguien que desde pequeño guíe tus pasos, que te ayude a ser quien eres, que te enseñe pero que te deje espacio, que te aconseje, que te entienda entus momentos más bajos y te acompañe en los más altos. No, no hablo de mi padre, hablo de la tele. La caja tonta, la llaman algunos. Y es cierto que si sintonizas tele5, bueno, muy lista no es que parezca, pero es innegable que la tele, ese epicentro del ocio familiar, es fabulosa. Citando a Joey Tribbiani, de Friends: “¿Qué no tienes tele? ¿Y hacia donde miran tus muebles?”. Y es que la tele llegó para quedarse y convertirse en el centro de nuestras conversaciones, aliñando nuestras vidas con sucesiones de noticias, programas y series. Oh, las series. Sólo soy capaz de recordar lo que comí hace tres días si consigo recordar qué episodio de Los Simpson estaban echando mientras. Las series, tan buenas algunas, tan incomprendidas otras. Y tan rematadamente malas las españolas. Es cierto, estoy exagerando, hay auténticas joyas entre las series españolas, y últimamente parece que las productoras están dispuestas a rascarse un poquito más el bolsillo con tal de que la serie salga mejor. Sin embargo, es indudable que nuestras series tienen ciertas debilidades que yo catalogo en tres enemigos fundamentales: 1. Duración: En España tenemos esa costumbre muy nuestra de, cuando algo funciona, exprimirle hasta la última gota, alargando innecesariamente la serie o sacando otras nuevas con el mismo formato (¿Cuántos programas de cocina dices que tenemos ahora?). Esto, además, nos lleva a hacer episodios que superan la hora de duración. No está mal, hay buenas series con episodios largos, pero aquí tenemos que contar con el segundo enemigo. 2. Los tramos de audiencia. Como nuestros episodios son tan largos, estos empiezan a emitirse en horario infantil, y terminan cuando los nenes ya están durmiendo, lo que hace que nuestras series tengan que adaptarse a un públicocon edades muy variopintas. Quien mucho abarca, poco aprieta, dicen. Esto se traduce en series con temáti cas muy poco arriesgadas y repetitivas. Además, esta ola de politicorrectismo en la que vivimos impide crear argumentos que profundicen demasiado, no vaya a ser que alguien se ofenda; y como queremoscontentar a todo el mundo, desde el señor mayor acomodado hasta la jovencita lesbiana independentista, damos lugar a argumentos con salsa, pero sin chicha. 3. Los product placement. Es decir, incluir algún producto o marca dentro del plano que estamos viendo para publicitarla. ¿Imaginas a Walter White discutiendo con su mujer durante el desayuno y de pronto, zas, plano detalle a su mano cogiendo un brick de Puleva? Sería curioso de ver. Lo que sucede es que algo que pretende ser subliminal acaba protagonizando el plano durante el tiempo suficiente para que te saque de la atmósfera que han querido crear, y te tire por tierra toda la credibilidad que tenía la serie. Desde mi opinión, hasta que una serie no supere estos escollos, no podrá ser considerada mayor de edad. En este sentido –y como en casi todo- nos queda mucho por aprender del extranjero. Aunque al final todo sea un sueño de Resines. Escrito por Guillermo Chico