Son muchas las cosas que me han traído
hasta aquí.
Mi vida siempre había estado liderada por
una ausencia de mí en el estar, por una
falta de conocimiento profundo sobre mi
persona. Desde pequeña, sentía un notorio
interés por saber quién era yo y una intención
congruente al cambio, pero nunca fui
capaz de entender de qué manera podía
llegar a conocerlo. Estudié una carrera que
suponía que me permitiría obtener respuestas.
Dediqué días y noches a intentar definir
una identidad en la que nunca lograba cuadrarme.
Invertí tiempo y energía en lugares
y personas que, realmente, no me ayudaban
a estar; tampoco a ser.
Ojalá poder contar lo fácil o genuino que fue
el cambio, pero la verdad es que comenzó
de la peor manera posible. Tuve que romper
con todo lo que hasta ese momento creía que
formaba parte de mí. Me deshice de cada aspecto
que, de pronto, sentía que me limitaba
y emprendí un camino de renuncia y cambio
hacia un proceso del que, honestamente,
creo que no me separaré en toda mi vida.