PRÓLOGO
He pensado que el mejor momento para escribir acerca de
ti y de lo que significa tu primer hijo era ahora, al despertar.
Y es que creo que es una buena analogía para las y los que
no saben muy bien qué se van a encontrar en las páginas
siguientes, pero también para quienes te conozcan el mismo
poquito que te conozco yo.
El refugio de quien nunca puede escuchar un sincero «yo
te conozco de verdad» es porque está en constante evolución.
Quien presume demasiado de lo conocido al recorrer,
nunca pisó con firmeza.
Dormir, esa suspensión de las funciones sensoriales y de
los movimientos voluntarios en la que pasan cosas sin ser
conscientes. Nuestro cuerpo se recupera y nuestra mente se
calma, en el mejor de los casos.
Puede ser que lo primero que veas al abrir los ojos sea la
cabeza de la persona que quieres o la almohada vacía, pero
fresquita.
Puedes despertarte pensando en todo lo que tienes que
hacer porque hasta soñaste con ello. Igual que puedes
despertarte y que lo primero que veas sea un montón de
apuntes doblados por las esquinas del intento nefasto que
hiciste anoche por quedarte estudiando.
Puedes despertarte y no ver nada, como si despertar no
hubiese tenido sentido. Quien entiende, entendió.
Estas son las peores mañanas. Todo se queda muy grande
y pequeño a la vez.
Para estas mañanas yo tengo a Carolina y, ahora, vosotras
y vosotros también.