Editorial
Honduras es una nación de gamers. A lo largo de mi vida como videojugador (18 años para ser exacto), he tenido la dicha de poder viajar a través del país, y me he encontrado con personas (en su mayoría
jóvenes) que disfrutan de este ocio a pesar de vivir en situaciones precarias. En el pueblo más básico que te
pudieses imaginar, nunca falta la pulpería donde tienen una maquinita con un “100 juegos en 1” donde se
pueden jugar versiones piratas de éxitos de antaño como Super Mario Bros o Street Fighter II.
Suena muy chistoso, pero hemos sido muchos los que comenzamos nuestra aventura de videojugador(a)
asi. Reunidos frente a una cabina de juegos, usando el vuelto de mamá para comprar “tostones” y jugar “a
la muerte” nuestros juegos favoritos. Son esos momentos en hermandad que nos hacen recordar nuestra
infancia con tanta nostalgia. Los videojuegos son una actividad que reúne a las masas, en la que se hacen
nuevas amistades y hasta relaciones amorosas a veces. Honduras posee una rica historia en todo esto, la
cual yace en cada uno de los lectores de esta publicación.
Tal vez en la actualidad, los jóvenes no comprendan realmente lo que significaba reunir a tus amigos
después de la escuela para jugar multijugador en GoldenEye 007 en la Nintendo 64 toda la tarde. Con el
avance de la tecnología y la formalización del juego en línea, ya no es necesario que tu y tus amigos se
reúnan en un solo cuarto para que jueguen juntos. Esto es muy bueno, sí, pero elimina es sentimiento de
“estamos juntos, compartiendo nuestro pasatiempo favorito al mismo tiempo que nos vemos y pasamos un
buen rato.”
En conclusión, muchos somos los catrachos y catrachas que hemos sido influenciados por el mundo de los
videojuegos. No hace falta la persona que conoce a Mario, Zelda, Crash Bandicoot o a Solid Snake y no
tenga algún recuerdo de su videojuego favorito. Es esto mismo lo que buscamos celebrar en VidGeek, y
esperamos que esta revista sea de tu agrado.
Para ti, para todos los gamers.
Jose Maria Talbott