VIAJES INCREÍBLES 85
puedan calcularse previamente. Impuestos gubernamentales y determinados servicios opcionales pueden quedar fuera inicialmente, pero deben informarse antes de solicitar el pago. La norma aplica en Estados Unidos, no establece una regla mundial. Pero la idea resulta útil para cualquier viajero: comparar totales, no titulares.
LA PROMOCIÓN PERFECTA PARA ALGUIEN MÁS
Imaginemos una tarifa extraordinaria. 40 % de descuento. Solamente de domingo a jueves. Nosotros podemos viajar únicamente viernes y sábado. La promoción es buena. Simplemente no es buena para nosotros. Lo mismo sucede con una habitación que incluye desayuno cuando tenemos excursiones que salen todos los días antes de que abra el restaurante. O con un resort alejado que ofrece una tarifa fantástica, pero nos obliga a pagar traslados constantemente porque queremos recorrer la ciudad. O con un boleto muy económico que aterriza de madrugada en un aeropuerto distante. Una promoción no existe en el vacío. Tiene que encajar dentro de nuestro viaje.
EL PRECIO QUE NO ADMITE CAM- BIOS
Aquí aparece una de las comparaciones más importantes. Imaginemos dos habitaciones. Tarifa A: $ 3,100. No reembolsable. Tarifa B: $ 3,450. Permite cancelar dentro de determinado plazo. ¿ Cuál es más barata? La respuesta parece evidente. Hasta que surge una enfermedad. Cambia un vuelo. Se modifica una fecha. O simplemente necesitamos cancelar. Entonces aquellos $ 350 que ahorramos pueden convertirse en $ 3,100 perdidos. Esto no significa que siempre debamos comprar tarifas flexibles. Una reservación no reembolsable puede ser perfectamente razonable cuando nuestros planes están confirmados y el ahorro justifica asumir el riesgo. La clave es otra: saber qué estamos entregando a cambio del descuento.
CUANDO“ SOLO HOY” CAMBIA NUESTRA DECISIÓN
La urgencia forma parte de muchas experiencias de compra. Quedan pocas habitaciones. La promoción termina esta noche. Hay disponibilidad limitada. Otras personas están buscando las mismas fechas. Algunos de esos mensajes pueden responder a restricciones reales. El problema aparece cuando nosotros confundimos dos conceptos diferentes: urgencia y conveniencia.