Viajes Íncreibles Octubre 2026 | Page 8

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VIAJES INCREÍBLES tampoco teníamos un plan de negocio. Era simplemente una cuenta que habíamos creado porque nos gustaba viajar y compartir lo que hacíamos.
2. Con el tiempo, viajar dejó de ser únicamente una experiencia de pareja para convertirse también en una experiencia familiar. ¿ Cómo cambió su manera de entender los viajes con la llegada de su hijo?
Cambió bastante, sobre todo porque dejamos de pensar únicamente en el destino y empezamos a pensar mucho más en cómo queríamos vivirlo. Cuando éramos dos podíamos improvisar mucho más. Podíamos levantarnos temprano, pasar todo el día recorriendo un lugar, cambiar de planes sobre la marcha o hacer una actividad que acabábamos de descubrir. Con Santi seguimos viajando, pero tenemos que tener en cuenta sus comidas, sus descansos, sus horarios y su ritmo. Y hay otra diferencia importante: nuestro viaje también es nuestro trabajo. Antes podíamos dedicar mucho tiempo a grabar, hacer fotografías o repetir una toma. Ahora tenemos que preguntarnos si realmente merece la pena hacerlo. Santi no entiende que tengamos que grabar un vídeo antes de que cambie la luz, y tampoco tiene por qué entenderlo. Eso nos ha enseñado algo que valoramos mucho: no todo tiene que convertirse en contenido. Hay momentos en los que simplemente queremos estar con él. Todo puede esperar. Ese momento no.
3. Existe todavía la idea de que tener hijos vuelve los viajes demasiado complicados o que es mejor esperar a que crezcan. Desde lo que ustedes han vivido, ¿ qué les dirían a las familias que quieren viajar pero sienten miedo de dar ese primer paso?
Que no esperen necesariamente a que llegue el momento perfecto, porque probablemente ese momento no existe. Pero tampoco creemos que haya que viajar con un niño intentando hacer exactamente lo mismo que hacíamos antes. Nosotros hemos aprendido que viajar en familia consiste en adaptarse. Hay viajes que tienen mucho sentido con un bebé y otros que no. Antes de decidir si Santi viene o no, pensamos en los desplazamientos, el alojamiento, el ritmo del viaje, las actividades y si podemos mantener unas rutinas razonables. De hecho, hemos hecho ambas cosas. En 2024 viajamos a El Salvador sin él porque todavía era demasiado pequeño, mientras que después viajamos juntos a Rumanía. Y en 2026 hicimos un viaje a Perú especialmente exigente, con madrugones, muchas horas de carretera y altitud, y entendimos que aquel viaje no era para un bebé.